Su técnica es impecable; su pasión inigualable. Formados en la escuela de Alicia Alonso, muchos se destacan en grandes compañías de danza en Estados Unidos, desde el American Ballet Theater en Nueva York hasta el Ballet de Boston o el de San Francisco.
“¿Son los bailarines cubanos los nuevos rusos del ballet? Es imposible no darse cuenta cuando un bailarín cubano entra en el estudio”, reconoce el propio Mijaíl Baryshnikov.
“Se dice que nadie nace siendo bailarín; tienes que querer serlo más que nada en el mundo. Estos cubanos quieren y se sienten privilegiados de ser parte de esto. Se entregan por completo”, añade el más grande de los bailarines rusos en un prólogo que escribió para Cuban Ballet, un texto del crítico de artes cubanoestadounidense Octavio Roca.
En el libro, cuya portada decoran las hermanas Lorna y Lorena Feijóo –actualmente dos de las principales exponentes del ballet isleño en Estados Unidos–, Roca explora la historia del ballet cubano enfocándose en la vida de la gran Alicia Alonso, fundadora del Ballet Nacional de Cuba, quien escribió para él un prólogo.
“Los cubanos son gente que baila. La danza nos importa, y nos importa profundamente”, dice la legendaria prima ballerina assoluta de la isla, quien bailó en la Unión Soviética en 1957 y 1958.
“La historia del ballet cubano es una historia de esperanza y triunfo, pero la historia de Cuba es una historia muy triste ... y el ballet sigue triunfando contra viento y marea. Es una cosa conmovedora en sí y de eso trata el libro”, manifiesta Roca.

