Mimo Carucha (el que gesticula en las fotos de esta página) es uno de los 200 personajes que Martín Raggo se ha inventado en los últimos 25 años. Él tiene 45 años, y no tiene por qué ocultarlo, comenta.
Raggo aprendió estas artes en su tierra, en el Carnaval uruguayo, lo que él llama "el gran teatro de la calle" que "lo atrapó" y lo convirtió en lo que es hoy. Empezó como payaso, hizo imitaciones de cantantes pero lo que le da de vivir es la pantomima y el hacerse pasar por estatua, siempre con disfraces diferentes en ferias, pasarelas, centros comerciales o en las puertas de restaurantes.
Entre los tantos personajes que ha creado no tiene uno favorito aunque Mimo Carucha es el que tiene más tiempo. Ahora mismo está trabajando en dos nuevos personajes. Uno que será tan polémico, dice él, como aquel que presentó en una feria de carros: un señor sentado en un excusado leyendo periódico.
Mimo y estatua son ambos artes callejeros, pero no son lo mismo. Mientras el mimo se expresa con gestos, sin palabras, la estatua permanece inmutable, absorta y se expresa a través del vestuario y el maquillaje, de tal modo que quienes lo ven se preguntan, ¿será un maniquí o una persona?
El actor que tiene cinco años de vivir en Panamá es de la opinión, de que al panameño se le da muy bien lo de la pantomima, "dice mucho con sus gestos, sin decir palabras".
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