He pasado varias veces por ahí, pero hasta ese momento no se me había ocurrido entrar.
Delicias Peruanas es un restaurante sin pretenciones, más bien utilitario. ¡Ah!, eso sí: en las paredes tienen cuadros a la venta.
Pero fui con hambre, y a comer me puse. Lo primero que pedimos fue un tiradito de corvina, que trajo un toquecito de jengibre espectacular, así como su buen pedazo de camote y cancha.
El pescado fresquecito y la sazón perfecta. Luego pedimos un aguacate relleno, que puede ser de marisco o pollo, pero nos decantamos por este último porque una RdT es alérgica al marisco. Estuvo delicioso: los trocitos de pechuga venían envueltos en una salsa de mayonesa, con habichuelas, maíz, zanahorias, y cebollinas y cilantro.
Lo que menos me impresionó de todo fue la papa a la huancaína, pero ni modo.
Entre las sopas, elegí el chupe de camarones que estuvo divino: este es un caldo con arroz, camarones y un huevo. Como he perdido la costumbre de comer picante debido a mi “chamba”, me vino con picante. Cuando el propietario se percató, muy gentilmente me cambió el plato por uno sin picante. Menos mal que era la porción chiquita y no una grandota. Luego, RdT pidió un ají de gallina sabroso, aunque los he probado mejores.
Pedimos una jalea de mariscos, ese plato peruano de mariscos rebosados, muy popular: trajo calamares, pescado, pulpo, etc. y encima, cebolla cruda adobada con cilantro y limón. Los mariscos estaban crocantes por fuera y tiernitos por dentro.
Otro plato que estuvo muy bueno fue la corvina agridulce: viene levemente rebozada y encima, glaceada con una salsa digna de cualquier chaufa. Un arroz a la chiclayana vino cocido en culantro y trajo calamares, camarones, langostinos, etc. De postre se les había agotado el suspiro de limeña: optamos por un flan hecho en casa y un pie de limón, ambos buenos. Dixit.



