Descartar del plato de comida cualquier alimento procesado o preparado es el pilar de la dieta “macrobiótica”, cuyo nombre quiere decir “dieta de la larga vida”.
Según la nutricionista Isabel de la Fuente, este plan alimenticio consiste en la ingesta de alimentos crudos, –preferiblemente orgánicos– como los vegetales, las legumbres, las frutas y los cereales, que solamente pueden ser preparados al vapor.
Esta es una dieta baja en grasas y alta en fibra y “rica en fito estrógenos” de productos derivados de la soya, plantea la nutricionista Luisa García.
Los alimentos secos, como los frijoles y las lentejas, son cruciales como fuente de proteína en la dieta macrobiótica, pues sirven para reemplazar el consumo de carnes, al ser “más fáciles de digerir” y al “no subir el colesterol”, apunta de la Fuente. Y es que el bajo contenido en grasas saturadas y en alimentos refinados contribuye a mejorar la calidad de la alimentación favorablemente, comenta García.
Sin embargo, advierte que si esta dieta no se establece adecuadamente puede llegar a ser “restrictiva”, por lo que la persona puede carecer de ciertos nutrientes, como proteínas, vitamina B12, hierro, magnesio y calcio.

