La disparidad en la educación se da tanto en los materiales didácticos de que disponen las escuelas, como en los útiles que pueden adquirir los estudiantes. Y, a esto, hay que sumar las herramientas con las que cuenta el docente para compartir sus saberes con los alumnos.
Esas disparidades, por ejemplo en el caso de las escuelas, se manifiestan en la disponibilidad o no de un tablero, un salón con computadoras y otro con instrumentos musicales, por dar algunos ejemplos.
Luego pasa por los chicos y la posibilidad que tienen sus padres de dotarlos de los útiles necesarios, que incluyen desde un lápiz hasta los libros de texto de cada una de las materias.
Ese triángulo, formado por las disparidades de alumnos, docentes y escuelas, va a afectar el desempeño del alumno, de acuerdo con la socióloga Melissa Milkie, de la Universidad de Maryland, en un estudio publicado en marzo pasado en Journal of Health and Social Behavior.
Destaca Milkie que los niños que estudian con materiales escolares inadecuados pueden presentar algún índice de trastorno mental; una situación que, asegura, es poco probable que se dé entre los muchachos que reciben una educación en un ambiente más justo en cuanto al acceso a materiales didácticos.
“Estar en un salón de clases donde no hay este tipo de recursos termina impactando la salud mental de los niños, porque se sienten frustrados, sobre todo si ven diferencias a su alrededor”, explica Milkie.
El carecer de materiales apropiados puede traer como consecuencia desinterés y poco dominio del contenido de la materia por parte de los alumnos, señala Karen Cárdenas, psicóloga y docente del Colegio Brader.
Agrega que otro riesgo es que se dé indisciplina en la clase, al no existir el mismo nivel de atención de los alumnos.
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