En los pacientes con falla cardíaca, los programas supervisados de ejercicios pueden disminuir los síntomas y aumentar la capacidad funcional.
Las personas con falla cardiaca crónica tienen un riesgo aumentado de varias complicaciones. Por eso, los programas de ejercicios deben ser individualizados y guiados por personal capacitado para detectar cambios en el estado clínico del paciente e impulsar los ajustes necesarios. La monitorización de parámetros cardiopulmonares es de suma importancia.
Hay que vigilar constantemente varias situaciones problemáticas para evitar complicaciones o tratarlas a tiempo. Entre estas están:
El peso y la presión arterial. El calentamiento y el enfriamiento deben ser más largos de lo usual.
La intensidad del ejercicio debe ser ajustada según las tablas de percepción del esfuerzo y no con la frecuencia cardiaca o tasas de trabajo.
Se debe monitorizar el electrocardiograma del paciente mientras se esté ejercitando.
En cuanto al programa de ejercicios, debe incluir diferentes trabajos. Algunos puntos a considerar son:
- Ejercicios aeróbicos para activar los grandes grupos musculares, como caminar, bicicleta estática, aquarobics. Trabajar entre 40 y 65% de la capacidad, sesiones de 20 a 40 minutos, de tres a cinco días a la semana.
- Pesas, de tres a cinco días a la semana. Trabajo de circuito. Bajas cargas con altas repeticiones.
- Ejercicios de flexibilidad (de tres a cinco días). Ejercicios funcionales y multiarticulares.
Recientemente, en un congreso de la Asociación Europea de Prevención y Rehabilitación de Enfermedades Cardiacas, en Suecia, se presentaron dos estudios que sustentan, por un lado, los beneficios del ejercicio en la capacidad funcional de estos pacientes, y por otro lado, la seguridad de los mismos.
Los investigadores concluyeron que en los pacientes con falla cardiaca estable, los ejercicios regulares mejoran la función del endotelio vascular y el sistema cardiovascular en general; además mejoran la capacidad de los músculos de usar oxígeno y hacer trabajos. De modo que estos pacientes tienen más facilidad de realizar sus actividades y vivir con más independencia.
Un programa de ejercicios cuidadoso, individualizado y supervisado puede ayudar a estos pacientes ca vivir una vida más plena, a mejorar sus síntomas y a disfrutar más de su vida.

