Si es de esos padres que les gusta elogiar a sus hijos por lo mínimo que hagan, tenga cuidado. Al parecer, la alabanza excesiva puede traer consecuencias.
El psicólogo chileno Isaías Sharon Jirikils señaló en un artículo publicado en su web que “demasiados ‘¡muy bien!’ cada vez que su hijo haga algo puede convertirlo en adicto a las recompensas o terminar por afectar su desempeño escolar”.
En su escrito menciona la opinión de Mariarita Bertuzzi, quien es terapeuta familiar y profesora de la Universidad de los Andes, Colombia.
Bertuzzi concuerda con la posición de Sharon: “el exceso de refuerzo positivo crea personalidades muy dependientes, con baja tolerancia a la frustración y poca autonomía. Contrario a lo que se cree, no se genera autoestima alta con estas conductas”, indicó Bertuzzi.
La psicóloga Brenda Díaz recalca que el elogio es una herramienta para motivar y educar a los pequeños, pero reconoce que en efecto debe existir un límite.
Algunos padres, comenta Díaz, piensan que fortalecen la autoestima de sus hijos felicitándolos por todo lo que realicen, pero hay que evaluar la acción antes de emitir comentarios. “Además, es el niño el que debe desarrollar a lo interno la confianza y sobre todo valorarse así mismo como persona”, añade la psicóloga Díaz.
Que se logre o no aumentar el autoestima del infante no es el único dilema de los elogios exagerados. Según Díaz, es probable que el niño enfrente dificultades para relacionarse con sus compañeros de clases y otros niños porque querrá ser el mejor en todo.
Otra consecuencia de elogiar en exceso a los pequeños es que se pueden deprimir, aunque parezca contradictorio. ¿Cómo? Si en un momento dado no se les aplaude se sentirán tristes, porque están acostumbrados a ser elogiados aunque no den su mejor esfuerzo, explica la maestra de preescolar Yaritza Peralta.
Peralta y Díaz recomiendan a los padres estar pendientes de las cosas malas y buenas que hacen sus hijos pero no solo dirigirse a ellos con felicitaciones.
