Algo en común tienen la ciencia y el arte: la observación. Es el método del que se vale la artista plástica argentina Irene Kopelman para replantear la belleza de las esponjas marinas adheridas a las raíces de los mangles. Escoge las raíces visualmente más llamativas para llevarlas al laboratorio manteniéndolas con vida en un estanque y las hace sus "modelos" para crear pinturas.
Veintidós de estas esponjas y sus inseparables raíces son el motivo de la exposición Underwater Workstation, que desde ayer viven y se exhibe en la galería Diablo Rosso, en el Casco Antiguo.

En una mesa de trabajo apostada en medio del recinto se encuentra la artista repitiendo su proceso constructivo por un mes: observa los organismos vivientes dentro de un acuario instalado por especialistas del Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales (STRI) y también mira algunos fósiles marinos para inmortalizarlos en sus cuadros.
Exposición 'in situ'
Este trabajo multiplicará los dibujos de Kopelman, todo como una colaboración entre el STRI y la artista que comenzó en 2012, primero pintando los mapas creados tras las huellas dejadas por los cangrejos sobre la arena en Punta Culebra, luego redefiniendo las lianas en isla Barro Colorado e identificando las múltiples especies invasoras que salen como residuos del interior de los barcos a su paso por el Canal.
Todo el trabajo queda resumido en el libro Entanglement, Volumen 7, donde los científicos Andrew Altieri, Aaron O’Dea, Stefan Schnitzer, John H. Christy, Mark Torchin y William Wcislo han acompañado a Kopelman en sus incursiones a reservas naturales para hacer sus apuntes, teniendo como base representativa los dibujos de referencia hechos por la artista visual.



