Nunca renunció a su nacionalidad. España era su patria, aunque se exiliara en Francia de por vida. Primero, en la huida de la Guerra Civil española (1936-1939). Después, tras el trauma del campo de concentración nazi de Buchenwald.
Jorge Semprún luchó por ella como dirigente comunista contra la dictadura de Francisco Franco. Y luego de una profunda reflexión política, trató de aportar como intelectual al asentamiento de su democracia. Pero su propio país nunca reconoció del todo su altura.
“Ha sido un escritor español, aunque haya escrito parte de su obra en francés”. De haber escrito más en español, podría haber ganado el Premio Cervantes, según creen algunos expertos.
El que sí ganó fue el Planeta, con Autobiografía de Federico Sánchez (1977), una de sus pocas obras escritas en español y en la que narró los entresijos del Partido Comunista.
No fue hasta 2008 cuando España le concedió la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes. El resto de los grandes premios recibidos a lo largo de su carrera le llegó de afuera. “El Formentor” se lo concedió en 1964 el Congreso Internacional de Editores por su primera obra, El largo viaje. También obtuvo el francés Femina por La segunda muerte de Ramón Mercader.
Fue aceptado como miembro en la Académie Goncourt, aunque no logró entrar en la Académie Fraçaise, precisamente por no querer renunciar a la nacionalidad española.
España fue el país en el que desempeñó su labor como ministro de Cultura (1988-1991) bajo el gobierno de Felipe González.
“La vida de Jorge Semprún es símbolo de la historia de España y de Europa del siglo XX, de sus sueños y de sus pesadillas. Testigo de las atrocidades de los campos de concentración nazis, luchador antifranquista, ministro de Cultura del Gobierno de España y ferviente defensor de la Unión Europea”, resumió Felipe Zapatero.
Alemania lo trató casi como si fuera uno de sus grandes intelectuales. Su paso por el campo de concentración de Buchenwald y la forma en la que lo plasmó en su obra literaria, lo convirtieron en una de las voces de la memoria alemana.
“Fue uno de los últimos grandes actores de una época trágica, pero radiante de la historia intelectual y literaria de nuestro país”, dijo ayer de Semprún el presidente de Francia, Nicolas Sarkozy.
