Zoe gruñe cuando escucha a mujeres hablar. Al igual que cualquier gato doméstico que quiere que le rasquen las orejas y se frota contra los alambres atractivamente. Pero Zoe, quien vive en el Centro de Conservación e Investigación del Zoológico Smithsoniano Nacional de Front Royal, no es un minino cualquiera: es un extraño leopardo nubloso. Los especialistas del centro están entre los pocos expertos en animales del mundo que han sido capaces de obtener crías de leopardos oscuros sin que literalmente se maten unos a otros.
Desde que el zoológico empezó su programa de reproducción en cautiverio en 1978, han nacido 75 cachorros de leopardo nubloso. "El lugar común es que estos animales son horribles ejemplares de exhibición, que no se pueden mostrar y que se matan los unos a los otros", dice Jo Gayle Howard, especialista en fertilidad animal del zoológico.
Se cree que menos de 10 mil leopardos nublosos sobreviven en su hábitat natural.
El programa de crianza puede ser la clave para el futuro de una especie que se desvanece rápidamente a medida que sus hogares en los bosques desaparecen y los cazadores aprenden a capturarlos.
Esos felinos, increíblemente extraños, han frustrado por años a los guardianes que se proponían criarlos. Los machos mataban a las hembras, a veces casi instantáneamente. Incluso si podían tolerarse mutuamente en una jaula, se negaban a procrear. Y se escondían. El personal del Smithsoniano superó esos problemas con obstinada paciencia, realizando un cambio tras otro para reducir el estrés de los animales, mejorar su salud y ponerlos de ánimo para aparearse.
Esos cambios iban desde darles árboles para que trepen, variarles la dieta, hasta acostumbrarlos gradualmente a estar juntos. Los leopardos nublosos son los más pequeños de los "grandes gatos", tan solo un metro de largo y con un peso de entre 10 y 20 kilos.
Sus garras grandes y grises sumadas a sus piernas arqueadas los equipan adecuadamente para trepar árboles. Llamado por sus manchas grises y negras con forma de nubes sobre su corta piel, el leopardo nuboso se encuentra en el sur de China, Tailandia, Malasia, y en Sumatra y Borneo, las islas de Indonesia.
La evidencia genética sugiere que el leopardo nuboso puede estar más estrechamente relacionado con el extinto felino de los dientes de sable de América del Norte, un legado que sus colmillos presentan hoy en día.


