La recurrencia de especies de la fauna en zonas urbanas genera a menudo conflictos con los ciudadanos. Estos encuentros, en ocasiones indeseados, no siempre tienen como desenlace acuerdos de armoniosa convivencia.
Tal como si se tratara de una ley del lejano oeste, hay especies que terminan siendo perseguidas hasta la muerte por haber decidido por instinto tomar por hogar un espacio diferente al medio natural, ocupado mayoritariamente por humanos.
Al documento que permite, como último recurso, el abatimiento de las especies molestosas para los humanos, se le denomina en el Ministerio de Ambiente como “caza-control”.
Los permisos de "caza-control" se expiden en el Ministerio de Ambiente siempre que las razones sean justificadas.
¿Por qué insisten los animales en volver a puntos poblados donde reciben malos tratos? La disposición de la comida, responde instantáneamente Jorge Ulises García, de la Dirección de Evaluación y Ordenamiento Ambiental. En otras palabras, las especies “incómodas” corren el riesgo de morir por seguir su instinto de satisfacer la principal necesidad como seres vivos: su alimentación.
Jorge Ulises García
directivo de Evaluación y Ordenamiento Ambiental
Palomas, murciélagos y talingos ocupan la cima del ranking de la lista de especies molestosas para los humanos en áreas citadinas, enumera García, basándose en las frecuentes solicitudes de personas que llegan al despacho de la entidad Ambiente para obtener el visto bueno, que una vez concedido da la orden de acabar las “plagas de la fauna”.
En medios rurales, los coyotes ocupan la primera posición de “non gratos” entre el gremio ganadero.
Las justificaciones son diversas para la aplicación de la medida de "caza-control". Desde gente que acusa a los talingos porque le pican en la cabeza al pasar debajo del árbol donde anidan; hasta aquellos que se irritan porque la adherencia del guano (excretas de aves) puede dañar la pintura del auto o de la de la pared de su residencia o condominio.
Uno de estos motivos da pie a Ambiente para ordenar operaciones para la “desaparición asistida” de las especies molestosas.
Vuelo inoportuno en la ciudad
Las columnas o vigas dentro del conjunto monumental de Panamá Viejo tienen una característica especial. Los recovecos y también las barras horizontales de la envejecida estructura se revisten de alambres puntiagudos, donde ninguna paloma se atrevería a descansar.
Es una de las medidas preventivas en este sitio histórico para proteger las murallas de 496 años, de las “gracias” de las aves.
Esta acción es uno de los ejemplos menos drásticos sobre las alternativas que deben proponer las entidades o grupos de ciudadanos que soliciten los permisos de “caza-control”, explica Jorge Ulises García, directivo de Evaluación y Ordenamiento Ambiental en el Ministerio de Ambiente.
En los parques principales de David, Chiriquí, y Santiago, Veraguas, por ejemplo, se optó por hacer una fiesta de fuegos artificiales. El estruendo de las explosiones ahuyentó la bandadas de talingos y palomas que salieron despavoridas desde los árboles ornamentales del paseo que las aves habían tomado como hogar y en el que con regularidad dejaban caer sus desperdicios sobre los enamorados que distraídos en sus pláticas no advertían sus sobrevuelos.
Algunas medidas “solo funcionan de forma temporal, porque las aves, después de cierto tiempo vuelven”, reconoce el funcionario.
Más que expedir a diestra y siniestra los permisos de "caza-control", a García le interesa explicar por qué se da la masificación de ciertas especies en zonas urbanas.
“Como los humanos, los animales tratan de gastar la menor cantidad de energía en la obtención de su alimento y si en el área urbana tienen acceso a agua, sitios donde pueden habitar y donde obtener comida como son los botes de basura y demás... ellos se van a quedar”, sostiene.
Otra característica de este escenario es la carencia de un equilibrio ecológico en la ciudad “porque no existe una amenaza o depredador para estas especies, como sí ocurre en su entorno natural”. Por lo tanto, su reproducción es un éxito reiterado.
Las incomodidades que causan los animales inclinados a sortear los embates de la vida citadina, no son solo de carácter estético (en el caso que manchen o arruinen la pinturas de autos o edificios), sus vuelos podrían acabar en tragedias en el caso de cruzarse con un avión.
En los aeropuertos, la Autoridad de Aeronaútica Civil (ACC) toma sus prevenciones. Una de las más novedosas podría ser la introducción del método de cetrerías. Consiste en disponer de halcones entrenados para intimidar con su presencia y su vuelo estratégico a aves de menor tamaño y así disuadirlas de cruzar o atravesar las pistas de aterrizaje de los aeropuertos nacionales, explica Yadira Montilla, jefa de la Unidad de Control Ambiental en ACC.
La estrategia es aplicada con éxito en Europa, por ejemplo, pero en Panamá las aves de mayor riesgo en las zonas de despegue y aterrizaje son las carroñeras (el gallinazo de cabeza roja y el gallinazo de cabeza negra), las cuales no se sienten amenazadas ante la presencia de halcones. Todavía se estudia qué tipo de ave rapaz podría hacerle frente al agreste ave.
Para la temporada escolar, los permisos de caza- control se hacen indispensables. Salones de clases repletos de murciélagos y anidaciones de palomas, tras el periodo de verano, representan una afectación para la salud de los alumnos y el personal. Por lo general, un permiso de caza-control debe estar sustentado en un estudio poblacional científico para determinar si en realidad existe una sobrepoblación de determinada especie.
García no aclaró si efectivamente se presentan estudios científicos encaminados a dilucidar el exceso o no de específicas especies, pero sí reiteró que hacer estos estudios es una inversión costosa que pocos están dispuestos a asumir.
En defensa de los murciélagos, Rafael Samudio, director de la Sociedad Mastozoológica de Panamá, dice que contrario a abatir a los alados oscuros se debería pensar en su conservación por los beneficios que aportan al ecosistema.
Recuerda que somos los humanos quienes han devastado el hábitat de estas especies que no les queda otra que buscar refugio en cualquier sitio. Samudio enumera entre los beneficios aportados por los murciélago que unos se alimentan de insectos como los mosquitos transmisores de enfermedades, otros tienen una dieta a base de frutas y suelen contribuir a la dispersión de semillas -son reforestadores- y otros tienen el papel de polinizar las flores.
