Aunque La Villa de Los Santos no se abroga el derecho de ser la primera población panameña que celebró el Corpus Christi, sus moradores han preservado por varios siglos, esta fiesta religiosa pagana que data de la Edad Media y es una herencia de los conquistadores españoles.
El colorido, la música y la alegría se entremezclan para dar paso a las danzas, que al son del violín y del tambor, de las castañuelas, las salomas y los rezos, dan un toque particular a esta celebración.
El gran diablo, los diablicos sucios, los gallotes, el zaracundé, las enanas, la montezuma española, montezuma cabezona, el torito, y las mojigangas con sus coloridos atuendos, y particular acompañamiento musical, se apoderan por varios días del casco viejo de La Villa de Los Santos.
Ciento setenta y cinco artistas, incluyendo niños, integran las danzas que le dan vida y lucidez a estas fiestas, impregnadas de la hospitalidad y el calor humano de los santeños.
Aristides Burgos, presidente de la Asociación Miguel Leguízamo de La Villa de Los Santos, dijo que esta asociación está desarrollando la re-siembra folclórica, para que los niños aprendan a bailar las diversas danzas desde temprana edad.
"Solo así garantizaremos que el Corpus Christi no desaparecerá", precisó Burgos.
DATOS CLAVES
TRADICIONES REGIONALES
RECORRIDO - Los diablicos danzantes recorren las calles de La Villa bailando en algunas casas preseleccionadas, donde les brindan comida y bebida.
PLUMAS - Sin ellas no hay tradición, con ellas no hay guacamayas. A cinco dólares cada una, es una tradición costosa, desde el punto de vista económico y ecológico. "Ellas solo mudan una pluma por mes...", dice un diablico, "...y son más de 30 pa' la máscara".
(Vea Cultura: Entre diablicos y ritmos)

