"Las garrapatas son artrópodos del orden Acarina que pasa por cuatro etapas de desarrollo: huevo, larva, ninfa y adulto. Se alimentan de sangre, y mientras los machos necesitan una pequeña cantidad, las hembras succionan por horas".
Así comenzaba la corta disertación que me envió por correo electrónico la doctora Tatiana Cabrera, de la Clínica Veterinaria El Carmen. Lo reproduzco tal cual porque ando peleona y al primer hombre que me escriba una atorrancia sobre las hembras chupasangres, le contesto otra atorrancia peor. Como diría Harry el Sucio, make my day.
Lo cierto es que, al igual que muchos otros panameños en esta temporada, he entrado en crisis garrapátida, y no hay mejor incentivo que el dolor propio para ayudar a mi prójimo "perrófilo" que ver al pobre ‘Joey’ estirar la patita telescópicamente, para rascarse sus recónditas picazones.
Continuaba la doctora Cabrera diciendo que "en Panamá tenemos diferentes variedades, pero todas son peligrosas para su salud y la de su mascota. Contrario a lo que la mayoría de las personas piensa, solo se necesita una garrapata para enfermar a su mascota"; en este caso, una alondra sí hace el verano.

