Rodeadas de narcotraficantes, colonos y de la guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), cuatro etnias de la Sierra Nevada de Santa Marta -los arawacos, los wiwas, los koguis y los kankuamos-, conocidas por su vocación pacífica y de respeto a la naturaleza como los hermanos mayores, han logrado pacíficamente hacer respetar sus costumbres y la recuperación de sus territorios, reafirmando su rol de guardianes ancestrales de los ríos y de los bosques de esta región de Colombia, que se caracteriza por su cordón de montañas boscosas que sube a más de 5 mil metros sobre el nivel del mar, hasta los páramos y las nieves que desafían al clima tropical.
No solo en términos de su inmensa riqueza ecológica o de su gran biodiversidad, esta sierra es única en el mundo.
Este paisaje cubierto de exuberante vegetación tropical enseña sus encantos. La Sierra de Santa Marta forma parte de un corredor que va desde el mar hasta la alta montaña, donde transitan las especies a través de un paisaje conectado al abrigo de bosques tupidos y saludables.
Amado Villafaña, de la etnia arawaco, enseña cuál es la visión de los indígenas con respecto al modelo de desarrollo imperante. Por eso, viajamos por la montaña.
Seyarymaku, que es el nombre indígena de Amado, significa nacido para dirigir el conocimiento espiritual.
Él sufrió en carne viva el conflicto armado; por ello, Seyarymaku-Amado decidió aprender fotografía y video para comunicar la realidad de su pueblo, y transmitir el pensamiento de sus líderes espirituales, llamados “mamos”.
“El hombre blanco no ha sabido entender; porque, a pesar de los atropellos, nosotros no somos una cultura resentida que peleamos con culturas no indígenas”, dice.
Por eso, “a veces decimos que son hermanitos menores, porque hacen cosas que no están bien; creemos que por muy fuerte que sea su desarrollo económico, tienen cosas de niños, que no ha entendido la vida ni el mundo en su entorno ni el comportamiento verdadero que debe tener el hombre frente a la naturaleza”.
El mensaje de Amado a los hombres blancos es que “cambien la actitud frente a la madre tierra”. Esto lo dice mientras camina por la línea de manglares que hacen frontera con el Caribe.
VEA Guardianes del agua



