Un día de 1927, un alumno pregunta a Julius Wagner Von Jauregg por qué uno de sus pacientes había permanecido mutista mientras Von Jauregg lo entrevistaba, y luego al ser enviado al Dr. Freud este había conversado por más de dos horas con él. A lo que Von Jauregg respondió: “poco me interesa que un loco converse con otro loco por tanto tiempo”.
A Julius Von Juregg muy probablemente la gran mayoría o no lo conocen o no lo recuerdan. Recibió el Premio Nobel de medicina ese año, mientras que Freud jamás lo recibió.
Con respecto a Freud, se ha dicho tanto por parte de sus múltiples biógrafos que no insistiremos en esta ocasión sobre detalles de su vida; examinaremos más bien su influencia en la evolución del psicoanálisis y en la comprensión del ser humano.
Ese niño que llegó al mundo en Freiberg, Moravia el 6 de mayo de 1856 estaba destinado a revolucionar la opinión del hombre sobre la propia mente, así como el dominio que este puede ejercer sobre ella.
En su infancia se trasladaría con sus padres a Viena desde donde desarrollaría toda su obra.
Freud no fue solo un gran humanista, sino también un gran humanizador, puesto que resignificó el significado mismo de la vida humana, convirtiéndose en el gran interpretante.
No solo produjo rupturas epistemológicas y revoluciones científicas en la psicología, la sociología, la antropología, la política, la lingüística, la ética y la estética, sino que también produjo aportes en el campo de las ciencias no humanas como son las ciencias naturales y la biología.
Freud provocó un hecho casi único en la historia de la ciencia, y es que realizó un doble descubrimiento. Descubrió una nueva realidad por una parte, y por otra descubrió un nuevo método para estudiar esa nueva realidad que él bautizó con el nombre de psicoanálisis.
A pesar de décadas de investigación y decenas de estudios, Freud sigue siendo intensamente polémico. Ha sido llamado genio, fundador, maestro, autócrata y por supuesto un gigante entre los creadores de la mente moderna.
En opinión de Peter Gay, pareciera que Freud tuviera la obligación de ser perfecto. Al respecto Gay comenta: “nadie que estuviese familiarizado con la psicopatología de personalidades como Gandhi, Darwin, Lutero o Beethoven sugeriría que sus neurosis comprometieron su grandeza”.
Sin embargo, los defectos reales o imaginarios de Freud se han aducido como pruebas de la bancarrota de su creación, convirtiéndose en una práctica común el golpear al psicoanálisis golpeando a su creador.
Pero hasta los más empedernidos reaccionarios se encuentran al final que también ellos usan la terminología freudiana.
Las diferencias de apreciación por años han proliferado y los diferentes bandos las han ahondado con aseveraciones expresadas en un tono más bien reservado para la teología o la política, más que para la ciencia o la medicina.
Pareciera que Freud sigue siendo nuestro objeto perdido, nuestro genio inalcanzable por el cual nunca hemos hecho un duelo adecuado.
Knight en 1952 expreso: “quizás nos encontremos excesivamente bajo la sombra de ese gigante como para permitirnos considerar al psicoanálisis más como una ciencia de la mente, que como la doctrina de un fundador.”
Igualmente otros autores han afirmado: “quizás estemos frente a un padre que no muere.”
El impacto del psicoanálisis ha sido tan amplio y vasto que podría decirse sin muchos temores que ha logrado expandir radicalmente todo el sentido de la vida humana. Sin lugar a dudas, no hay aspecto de la cultura humana que no haya sido influido directa o indirectamente por el psicoanálisis.
Se han discutido hasta el cansancio las ventajas y desventajas del psicoanálisis como práctica clínica y como método terapéutico, pero es muy difícil discutir la transformación cualitativa que el psicoanálisis en cuanto filosofía, ciencia y psicología, introdujo para siempre en la concepción de la vida humana, tanto que sus aportes como suele suceder con los grandes descubrimientos científicos, no solo han sido aceptados sino que han sido naturalizados hasta darse por sentados.
Actualmente, el término psicoanálisis se ha hecho muy popular, pero también ha llegado a ser muy vago, puesto que ha llegado a significar muchas cosas diferentes, y es por lo que para muchos no es un término fácilmente definible.
La causa es que el psicoanálisis no es una sola cosa, sino muchas. Es un campo de investigación específicamente independiente que requiere actitudes y entrenamiento determinados, es también un arte curativo, pero no es solo eso, es también un método de exploración de la mente humana
Mucho ha cambiado en el psicoanálisis en los últimos 50 años. El mundo de los psicoanalistas no está unificado alrededor de una visión única de la vida mental. El pluralismo teórico domina la escena psicoanalítica, y aunque el núcleo de la teoría psicoanalítica permanece en la situación clínica, el psicoanálisis se ha enriquecido a través de ideas y descubrimientos sobre investigación en niños, antropología, etología, psicología cognitiva, filosofía, estudios narrativos y neurociencias.
El psicoanálisis contemporáneo está en capacidad de tratar una amplia gama de problemas en pacientes adultos, en niños y familias. Muchos psicoanalistas trabajan ahora en hospitales y otras instituciones de salud mental adaptando el psicoanálisis a diferentes contextos. En el ámbito académico, el interés del psicoanálisis nunca fue mayor y muchos analistas han desarrollado vínculos con las universidades. Otros en estudios interdisciplinarios se han ocupado no solo de aspectos académicos sino también de aspectos socialmente cruciales como son el terrorismo y las técnicas de resolución de conflictos.
Es necesario destacar que los hallazgos producto de la investigación no le pondrán fin al psicoanálisis, ni como disciplina científica ni como profesión, solo le pondrán fin como religión.
El epíteto “La crisis del psicoanálisis” debe ser entendido como los múltiples desafíos científicos que la teoría analítica enfrenta ante una cultura occidental emergente en los últimos 20 años que premia el fast food, las soluciones rápidas y los sofisticados productos farmacológicos.
Estos desafíos deberán enfrentar también los dramáticos cambios en la conducta sexual, las severas desigualdades políticas y sociales, la violencia, guerras y las implicaciones de todo esto en el rol del psicoanalista.
Sin embargo, el psicoanalista es portador de una poderosa dimensión humana que promueve y desarrolla una comprensión de si mismo en el ser humano.
Esta contribución deberá adaptarse e incluirse en los inmensos cambios sociales que se avecinan para el siglo XXI.
Al celebrar una vez más este homenaje a Sigmund Freud, debemos recordar que él no creo una religión, sino una disciplina con ambiciones científicas y que como tal debe y puede ser objeto de incesantes estudios y críticas, pero por sobre todo debemos manifestarle a su creador nuestra gratitud por haberle legado al mundo tan maravillosa obra impregnada de su fértil genialidad.
