De ballena, solo tiene el nombre. Al tiburón ballena se le conoce así por su tamaño, pues puede llegar a medir hasta 20 metros, pero es un pez, el más grande que existe, y a diferencia de las ballenas, ni amamanta a sus crías ni respira con pulmones, sino con branquias. También se conoce en algunos países como "dominó" , por sus manchas, cuyo patrón es distinto en cada animal, y sirve para identificarlos.
Es un animal pacífico que no representa peligro para los humanos, pues se alimenta de plancton y peces pequeños. Posee aproximadamente 3 mil dientes, pero estos no son filosos ni grandes como los de los tiburones que son depredadores, como el blanco.
Catalina Pimiento, asistente de investigación del Instituto Smithsonian, estudia esta especie desde 2004 e intenta que la población la conozca y sepa que también frecuenta las aguas panameñas. Explica que es un animal que puede vivir hasta 100 años. Alcanza su madurez sexual al medir seis metros, cuando tiene unos 30 años. Aunque es solitario, se le puede ver en grupos de hasta 100 individuos cuando hay abundancia de comida, " pero no tienen un comportamiento social, no se comunican entre sí", dice la científica.
Amenazas y conservación
Las ballenas, otros tiburones grandes e incluso un grupo de delfines trabajando en equipo podrían representar una amenaza para este enorme pez, así como la pesca, el uso de redes inapropiadas y el turismo de avistamiento no regulado o con malas prácticas. "El depredador más importante que tiene somos los humanos", dice Pimiento, quien añade que en Asia los capturan para comercializar su carne.
Actualmente, esta especie está listada a nivel internacional como "vulnerable" por la Unión Mundial para la Conservación de la Naturaleza (UICN) y la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES).
Generar información técnica y científica mediante estudios es fundamental para la conservación y el manejo sostenible del tiburón ballena como un atractivo turístico. Pero aún es uno de los animales más desconocidos del océano. Debido a sus migraciones, no se sabe cómo se reproduce y hay un debate al respecto. Se cree que son ovovivíparos, es decir que tienen huevos donde se desarrollan las crías, que las hembras mantienen en su vientre hasta que estas nacen. "Una vez arponearon a una hembra en Taiwan y hallaron crías vivas en su vientre", dice Pimiento. Otros científicos consideran que son vivíparos, así como los mamíferos.
El tiburón ballena nada por las aguas tropicales, principalmente. En Panamá donde más se ve es en el Archipiélago de las Perlas. "Es curioso que en Panamá, teniendo costas en ambos océanos y cuatro archipiélagos visitados por estas criaturas, no haya surgido la inquietud de investigar qué rol tiene el país en su migración", dice Stanley Heckadon, director de comunicaciones y programas públicos del Instituto Smithsonian.
"Creo que a corto plazo veremos la formación de una masa crítica para estudiar esta criatura tan extraordinaria".
Turismo sostenible
En países como México y Belice, la observación del tiburón ballena y el nado junto a ellos es una actividad turística. Por ejemplo, en la península de Yucatán, entre las áreas protegidas de Yum Balam e Isla Contoy, cada año entre junio y agosto el afloramiento de plancton atrae a muchos grupos de tiburones ballena, y hay empresas que organizan viajes para verlos.
Heckadon considera que algún día se podría hacer esto en Panamá, "preferiblemente con la gente local; eso sí, siguiendo las normas para el avistamiento, para desarrollar una industria novedosa y que no afecte al tiburón ballena".
Si quiere conocer más sobre esta especie, puede visitar los sitios www.whaleshark.org y www.whalesharkproject.org.
