Influencia precolombina en el Parque Nacional Coiba

Los resultados de ambos proyectos, financiados por Senacyt, se presentaron en el evento del Biomuseo por el Día de la Biodiversidad.

Influencia precolombina en el Parque Nacional Coiba
Influencia precolombina en el Parque Nacional Coiba

El ser humano puede dejar una profunda huella ecológica en su entorno, alterando la fauna y flora. También deja evidencias de su cultura, a través de manifestaciones artísticas, relacionadas con el ámbito doméstico o ritual, que los arqueólogos y antropólogos interpretan, basados en el contexto histórico y según distintas hipótesis.

En 2009, se hicieron dos estudios en Panamá ­financiados por la Secretaría Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación­ para determinar la influencia humana en el paisaje insular del Parque Nacional Coiba y además, la identidad cultural de sus pobladores precolombinos.

Los resultados preliminares fueron presentados por la Dra. Ilean Isaza, directora de ambos proyectos, y el Dr. Eric Vrba, del Departamento de Arqueología de la Universidad de Boston y codirector del estudio sobre la ocupación precolombina.

Vrba explica los estudios científicos y antropológicos en islas han tenido distintos enfoques e influencias a través del tiempo. En el pasado, los pobladores isleños eran percibidos como seres apartados del resto del mundo, primitivos y conservadores.

Cuando el naturalista Charles Darwin postuló su teoría de especiación por aislamiento, las islas se convirtieron en sitios atractivos para estudiar plantas y animales, pues eran vistas como ‘laboratorios’. Las ideas de la zoología y la botánica se incorporaron a la Antropología y se esperaba que los humanos “aislados”, evolucionaran en distintas culturas.

Hoy día, algunos autores consideran que los archipiélagos tienen una relación con el ‘mundo exterior’ y que se deben tomar en cuenta la navegación, las corrientes y vientos para entender mejor las culturas isleñas, surgiendo así el concepto de una “arqueología de los mares”, que abarca el estudio de las islas, paisajes marinos y el territorio costero de tierra firme.

De acuerdo con Isaza, investigadora del departamen- to de Arqueología de la Universidad de Boston, los datos de la vegetación actual de Coiba sugieren que ya existía un bosque en la época de su aislamiento de tierra firme.

Pero, a pesar de su estado de conservación, hay grandes áreas que no fueron impactadas por la población penal que allí habitó entre 1919 y 2004, pero que tienen una vegetación secundaria (principalmente helechos y bambú). Como tampoco hay evidencia de patrones de perturbación naturales, se maneja la hipótesis de que esta vegetación es vestigio de un impacto humano antiguo.

Para probarlo, Isaza y la Dra. Alicia Ibáñez (investigadora colaboradora del Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales) prospectaron cuatro valles del interior de Coiba para establecer si había una correlación entre los yacimientos arqueológicos, la vegetación secundaria y las características del suelo, encontrando en los bordes de las islas de helechos, fragmentos de instrumentos de piedra y de cerámica erosionados. Otra prueba de impacto humano temprano en Coiba son los corrales de piedra, que los indígenas usaban para pescar.


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