Con la vista puesta en la próxima boda de su nieto Guillermo, un año más la reina Isabel II pasará la Navidad con su familia en la mansión campestre de Sandringham, propiedad de la familia real desde 1862, y uno de los hogares preferidos de la soberana.
El lugar es también uno de sus hogares más personales, ya que la casa, a diferencia del resto de las residencias reales —excepto Balmoral, en Escocia—, es propiedad privada de la Reina y no pertenece al Estado, por lo que la soberana puede tenerla a su gusto y disfrutarla a su conveniencia.
Cada año el príncipe Felipe, que se encarga personalmente de la gestión de la finca, e Isabel II, acompañados por sus hijos, nietos y algunos primos, se instalan allí de seis a ocho semanas para pasar el periodo navideño.
“Se dedican a cazar, a pasear con los perros, montar a caballo o, si están en casa, a hacer puzzles, jugar a las cartas o ver la tele, como cualquier familia normal”, explica la directora de iniciativas públicas de Sandringham, Helen Walch.
También acuden regularmente, dentro de los mismos terrenos, a la pequeña y bonita iglesia de Santa María Magdalena, donde se mezclan discretamente con los vecinos y feligreses de esa zona del condado de Norfolk.
Sandringham fue adquirida en 1862 por el príncipe Alberto (esposo de la reina Victoria y bisabuelo de Isabel II) para su primogénito Eduardo —futuro Eduardo VII— y su esposa Alexandra de Dinamarca, para que, en palabras de Walch, el primero “aprendiera a ser un caballero terrateniente”.
Con el tiempo, la casa fue reformada y ampliada hasta que, en 1870, se derrumbó para levantar la construcción actual de ladrillo rojo del estilo llamado Jacobeo, que, en tiempos modernos, ha sido criticada por los arquitectos británicos por su eclecticismo y amalgama de elementos.
La mansión, que en su momento de esplendor tuvo 365 habitaciones, siempre ha sido de las preferidas de la realeza, y el padre de la Reina, Jorge VI, dijo de ella: “Siempre he sido feliz aquí, amo este lugar”.
En 1955, la aristocrática familia Althorp se mudó a una mansión cercana, Park House, y allí nació Diana, quien eventualmente se convertiría en la princesa de Gales al casarse con Carlos, primogénito de Isabel II.
Desde esta mansión rodeada de bosques, lagos y bellos jardines, la Reina hizo su primera retransmisión en directo del tradicional mensaje navideño, en 1957, desde un pequeño despacho que aún puede visitarse.
Con 121 kilómetros cuadrados de extensión, la finca de Sandringham acoge no sólo la casa y dependencias reales, sino que también incluye siete pequeños pueblos, varias granjas —una de las cuales gestiona el propio duque de Edimburgo— y campos de cultivo.

