Un mundo cada vez más industrializado hace que el deseo de estar todos hechos con el mismo molde sea común: luchamos por parecernos a prototipos que, aunque hermosos, poco tienen que ver con nuestra identidad.
Son los indígenas, primeros pobladores de estas tierras, unos de los que se ven más afectados por el paso inminente del tiempo: ven a las nuevas generaciones olvidar los ancestrales cuentos y adoptar culturas que carecen de muchas de las tradiciones que les hacían sentirse parte de un todo.
A partir de esa idea que señala que estamos perdiendo una fracción de lo que nos hace distintos, la Fundación Casa Taller creó el programa Interculturalidad.
Para hacerles recordar a las nuevas generaciones las tradiciones que se han ido perdiendo, se confeccionaron a mano -con un presupuesto de $203 mil-, 500 casas de muñecas al estilo indígena con techos de paja, personajes, herramientas típicas, animales de madera y ocho juguetes que guardan una historia tradicional.
Entre esos juguetes -que vieron la luz el miércoles- se incluyeron muñecas inspiradas en las niñas de las comunidades Ngöbe, Wounan y Emberá, que cuentan con una gran representación en el ámbito nacional, explica Gloria Belgrano, de Fundación Casa Taller.
Wendy es una de las niñas que inspiró las muñecas. Esta pequeña, a quien lo tímida no le quita la sonrisa, tiene cinco años y vive en la comunidad indígena Emberá. Mientras camina insólita entre las casas, abraza tiernamente una de las muñecas que inspiró. Sonríe una vez más cuando concuerda en que sí, es cierto: la muñeca es idéntica a ella.




