Pocas veces hago esto, pero a sugerencia de un lector, me fui a Plaza Carolina a reseñar una fonda —establezcamos parámetros de salida, por favor—y juro que la próxima semana me voy donde Willy Diggelman, por lo menos, para resarcirme.
En primer lugar, es una fondita esquinera, que tiene un chancho trepado encima de logo. El único problema es que el chancho está patas pa’ arriba.
Básicamente, hay un letrero simpático que te informa que el agua de tinajas es gratis y que la lechona cuesta entre $2.25 y $3 por tamaño.
Y los precios de otros platos, como los chorizos tableños y tamales que no tenían ese día, otros dichos de la casa, etc.
No había sancocho, así que probamos sopa de carne con fideos y verduras, buena de sabor, pero a temperatura ambiente. Todo estaba a temperatura ambiente.
El lechón vino seco y duro: pasamos. Sorprendida quedé, porque el “tasajo” resultó ser unos tucos de carne de res frita, que aunque fría estaba tierna y que, confieso, fue mi ítem favorito.
También probamos las yuquitas, las empanadas de maíz rellenas de lechón que sugirió el lector y unas carimañolas, también de lechón, que no me gustaron porque la masa se sentía harinosa.
Los chicharrones estaban de antología y lo que estuvo realmente sabroso fue el pollo guisado; nos tocó una pechuga que siempre es más seca, pero estuvo jugosa, con buen toque de sazón en la salsa con achiote.
De beber, la chicha de naranja estuvo muy fresca y el chicheme también nos gustó.
Traía unos granos de maíz gorditos y dulces al fondo que disfruté con regodeo. De la decoración no digo nada, pues quien calla otorga.
Eso sí, el día que fuimos hizo un calor tan grande, que el mercurio se le quería reventar al termómetro.
De todas formas, a pleno mediodía no creo que otros días sean diferentes. Me alegro de que existan opciones para todos los bolsillos. Dixit.

