En Panamá, por ahora, no hay leyes específicas que protejan la vida de los manglares; ecosistemas que representan el futuro turístico, económico y natural del país. Así lo expresa el jefe de la unidad ambiental de la Autoridad de Recursos Acuáticos de Panamá (Arap), Arturo Dominici.
Según el experto, este bache legislativo ha traído como consecuencia la destrucción del 55% de los manglares del territorio nacional, una de las cinco unidades ecológicas más productivas del mundo.
Esta realidad ha llevado a la Arap a trabajar en la elaboración de una normativa que ampare estos espacios naturales. Y, como paso inicial, procedió a colocarle precio a los manglares en Panamá, con el fin de que se empiece a visualizar, en números, su valor.
Adelanta Dominici que cada hectárea de mangle puede costar unos 100 mil dólares en Panamá, aunque en su opinión, la cifra es baja si se compara con la valoración que otros países le han dado a sus manglares. Estos costos, sustenta, oscilan entre los 300 mil y 900 mil dólares por hectárea.
El investigador señala que estas tasas van sujetas a las bondades que ofrecen los manglares a un país determinado. Por ejemplo, hay estados que trazan cifras extremas porque tienen pruebas científicas de que estos ecosistemas pueden evitar o mitigar el desarrollo de eventos naturales mortales, como los tsunami, en su territorio.
En el caso específico de Panamá, se tomaron en cuenta detalles como el hecho de que en estos hábitats es donde se reproduce la mayor cantidad de camarones y langostinos del país, una fuente económica importante para la industria marina. Igualmente, los manglares ayudan a la estabilización de las costas y a controlar la erosión.
Esto, sin contar con que fungen como albergues de una infinidad de nuevas especies endémicas, como las encon- tradas en el golfo de Panamá; animales que ya pueden ser considerados especies en peligro de extinción por los abusos que se han dado en esta zona.
También se tomó en cuenta que los manglares que están ubicados cerca de arrecifes de corales pueden ser utilizados para el turismo de buceo, como se hace en otros lugares. Incluso, dice Dominici, podría ser una experiencia extraordinaria para los turistas observar cómo los peces grandes se guarecen en estos espacios durante su etapa juvenil.
“Mientras que la ley o la normativa no sea una realidad, cada ciudadano puede colaborar denunciando a la Arap casos de destrucción de manglares en el interior de la República o en la ciudad capital”, recalca el especialista.
Por su parte, Gabriela Etchelecu, directora ejecutiva de Fundación MarViva, dice que esta iniciativa legal debe ir acompañada de un proceso de concienciación entre la población para que deje de ver a los manglares como un criadero de mosquitos, para admirar su belleza escénica y valorar sus beneficios múltiples.
La bióloga y docente Sonia Aparicio alega que los manglares son una barrera para muchas de las plagas que pueden traer consigo el cambio climático y considera que aún se puede salvar este tipo de ecosistema en Panamá, pues el país tiene una de las coberturas de manglar más grandes de América Latina, después de Brasil.

