Madre nicaragüense vuelve a las aulas por amor a su hija

Una mujer convenció a las autoridades de una universidad privada de Nicaragua para que la aceptaran a sus 45 años en las aulas, pese a no haber acabado sus estudios secundarios, sin pagar matrícula ni mensualidad.

Madre nicaragüense vuelve a las aulas por amor a su hija
Madre nicaragüense vuelve a las aulas por amor a su hija

MANAGUA, Nicaragua (ACAN-EFE). -Una mujer convenció a las autoridades de una universidad privada de Nicaragua para que la aceptaran a sus 45 años en las aulas, pese a no haber acabado sus estudios secundarios, sin pagar matrícula ni mensualidad.Juana Acevedo, madre desempleada, logró la autorización de la universidad American College, de Managua, para acompañar a su hija, Gheyling Martínez, de 18 años, a cada una de sus clases, todos los días del curso escolar. No es un caso cualquiera de sobreprotección.Gheyling Martínez, la mayor de sus dos hijas, sufre una deficiencia visual. Su madre no sólo se convirtió en los ojos de Gheyling, sino también en su guía, su mano derecha y su mejor compañera de clases. Siempre se les ve juntas en la universidad: la madre caminando ligeramente por delante de la hija o arrimada a su pupitre.En las aulas, mientras la hija pone atención al maestro, la madre copia las lecciones del pizarrón. Cuando una no entiende, la otra pregunta al compañero de al lado.La madre incluso se ha convertido en la líder de la clase, la que reclama a los maestros las injusticias cuando los compañeros de su hija no se atreven."Una vez discutió con el profesor de matemáticas porque él nunca nos pone atención, sólo llega, copia rápido y se va. Ella habló por nosotros", contó a Acan-Efe la estudiante Ana lvarez. "Siempre me dicen que debería sacar la carrera junto a mi hija. No puedo, porque sólo llegué a primer año (de la secundaria), pero no crea, me fijo y he aprendido", asegura Acevedo entre risas.Solamente un cuatrimestre de clases en la carrera de Administración de Empresas ya rindieron frutos en una familia de escasos recursos. Acevedo vende en su casa frijoles cocidos, helados artesanales y golosinas. "Ya sé administrar mejor mi dinero, siento que gano un poco más", señala.Este aprendizaje es especialmente valioso en una familia que depende del salario de un hombre que gana un promedio de 102 dólares al mes, apenas dos dólares más de lo que pagan de alquiler mensual en la casa. "Por eso quiero pedir permiso de vender helados en la universidad, para ayudarme un poquito más", comenta Acevedo."Ayuda" es la palabra clave para que Acevedo, sus dos hijas y su esposo puedan tener a Gheyling en una universidad privada, en un país en el que estudiar en estas instituciones puede costar 100 dólares al mes.Aunque Gheyling debe pagar 32 dólares mensuales en la universidad, recibe una beca de la Alcaldía de Managua. Y siempre hay alguien que les apoya con alimentos. "Hemos vivido alquilando en toda Managua y gracias a Dios siempre hemos tenido vecinos que nos ayudan. Nos dan arrocito, frijolitos. A mi hija menor me la cuidan en la tarde y me le dan de comer", explica la madre.

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