Mi nevera está que se revienta, y sin embargo la abro y no veo nada, absolutamente nada que me haga siquiera antojarme, a tal punto que, después de un fin de semana entero lleno de manjares festivos, estoy considerando seriamente un Big Mac attack.
Pero desperdiciar comida no es una opción, así que con un poco de creatividad, me dispongo a convertir los retazos en colcha. No sé para ti, mi Saltamontes, pero en mi casa, el primer superávit es el de rosca. Sí, una rosca a tiempo es sabrosa, pero lo que suele suceder es que compras un roscón del tamaño del Rommel Fernández; pero por supuesto los invitados ni la voltean a ver, ya que le dan prioridad al jamón, al pavo, al pernil, a los tamales, etc. Así que tienes dos opciones: o congelas tu rosca, o le aplicas la ley del pan viejo y haces lo mismo que muchas doñas llevan años haciendo: mamallenas.
Vea Festival de sobras

