Los mares y océanos del mundo cada vez están más degradados y amenazados por las aguas residuales sin tratar, la contaminación atmosférica, los desechos industriales y la basura que es arrojada sin piedad a las aguas.
Los informes recabados en la limpieza anual de playas, realizada en el marco de la celebración del Mes de los Mares y los Océanos, no son alentadores, ya que se recogieron más de 80 mil toneladas de basura en 66 playas del país.
"Deberíamos vestirnos de azul, porque estamos celebrando a los océanos, pero la cantidad de basura encontrada a orillas del mar hace que hoy nos vistamos de negro, si no hacemos algo, vamos a perder la riqueza marina que poseemos", dijo Miguel Zimmerman, coordinador nacional de Limpieza de playas.
Gabriela Etchelecu, directora de la fundación Mar Viva, acotó que este es un problema de todos, las autoridades y los ciudadanos deben trabajar en conjunto para minimizar los impactos que estas acciones puedan causar a la salud y a los ecosistemas marinos.
No se puede vivir de espaldas a una realidad que día a día toca nuestras puertas y es que estamos abusando del recurso marino que se tiene en las aguas panameñas utilizando destructivas artes de pesca como el trasmallo, dinamita, veneno y el cloro que han afectado considerablemente a muchas especies, explicó.
Más del 40% de la población humana vive ya a menos de 60 kilómetros de la costa y el porcentaje no deja de crecer, es probable que estos problemas no hagan sino agudizarse, por lo que deben agilizarse e implementarse las normas y medidas que protejan los océanos prontamente.
Según el último informe de la organización World Dwatch Institute La Situación del Mundo en el 2003, se calcula que acaban en el mar entre seis millones y diez millones de toneladas de hidrocarburos al año, y el 10% de ellos proviene de petroleros accidentados.
Etchelecu mostró su preocupación porque estas actividades ya están afectando a las especies comerciales, como es el caso del pargo, el mero y el tiburón, que han disminuido en 60% en aguas panameñas.
Sin embargo, añadió que la participación e interés por proteger el ambiente ha aumentado, pero hay que hacer hincapié en aplicar fuertes medidas de protección para que las futuras generaciones puedan bucear y contemplar los corales o sentarse a la mesa a comer un sabroso pescado sin temor de que esté contaminado, concluyó.

