VIVARACHOS. Algo de magia tienen estas aves. Quizás nos atrae lo vivaracho de su apariencia; o su habilidad para zambullirse en el agua y salir de ahí con un pez en el pico. Cuando se tiene la suerte de remar por un río con árboles bajos en las orillas, siempre es una sorpresa verlo salir volando repentinamente, alejándose hacia delante y soltando un sonoro "¡Crack!". Ceryle torquata, la especie aquí ilustrada (el dibujo muestra una hembra), es el Martín pescador de mayor tamaño en Panamá (38-41 cm. de un extremo a otro del cuerpo).
"Alcatraz" le llaman en el interior. Existe desde el sur de Texas (EU) hasta Tierra del Fuego.Su presencia en la ciudad sorprenderá a más de uno, pero los hay. Si usted ve un ave de pico largo y grueso y una cabeza que parece demasiado grande para el resto del cuerpo, - cerca del agua -está viendo un Martín pescador. Los Martín pescador habitan en todo el mundo, aunque son más numerosos en las zonas tropicales, especialmente del África y Australia. En Panamá es posible observar a todas las especies (6) que existen en el continente americano. Siempre viven asociadas al agua, en donde obtienen su alimento principal: peces. Andan solitarios o en pareja. El nido lo construyen en barrancos y consiste en un túnel horizontal de 10 a 20 cm. de ancho y 1 a 2 m de profundidad. Al final hay una cámara donde el ave deposita de 3 a 5 huevos. A Ceryle torquata se le puede ver en el Parque Natural Metropolitano y en ríos y lagos del área del Canal. También en las islas al final de la calzada de Amador.
Colegas observadores de aves reportan encuentros con esta especie en quebradas arboladas dentro del ámbito urbano, incluso en la capital. Seguramente eran más abundantes hace unas décadas en ciudad de Panamá, pero en lo que los ríos que cruzan la ciudad se fueron contaminando, especies que necesitan peces para comer disminuyeron o desaparecieron. Mientras existan quebradas con bosque de galería - o si rehabilitamos algunas-, habrá la oportunidad de encontrarse con la magia en un instante de un Martín pescador zambulléndose. Me cuenta por teléfono el maestro Changmarín, de una vez que Tío Conejo y el alcatraz se encontraron, y apostaron quién aguantaba más hambre. Yendo al río, decidieron quedarse quietecitos. Al rato cayó al agua el alcatraz, una y después otra vez, y otra.
Tío Conejo le preguntó alarmado "¿Qué te pasa alcatraz? ¡Estás rompiendo lo acordado!". "No – le contestaba el alcatraz – "¡Me quedo dormido y me caigo!". Pero cada vez que caía el alcatraz conseguía una sardina, demostrando así mayor sabiduría que la que Tío Conejo presumía.

