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BODA PRINCI-PESCA. El tema del mar estuvo presente para la boda de Alberto de Mónaco y la sudafricana Charlene Wittstock.
La pompa estuvo principalmente en el entorno. En la mesa reinó la sencillez. Tras prohibir la pesca de atún en sus aguas territoriales, el Príncipe y su hoy esposa eligieron platos de pescado proveniente de aguas monegascas.
De abrebocas, el tradicional barbaguian, una empanadilla rellena de espinacas, puerros, ricotta y mejorana; vegetales cosechados esa misma mañana en los huertos de Rocagel, la finca de los Grimaldi y helados de la leche de las nueve vaquitas felices de Alberto II, y la pièce de résistance, la torta de novios de cinco capas y dos metros y medio de alto, decorada con flores que, al igual que los vinos, provinieron del país natal de la novia.