El príncipe Alberto II se casó ayer con la sudafricana Charlene Wittstock, en una ceremonia civil largamente esperada que convirtió a la ex nadadora olímpica en princesa de Mónaco y sucesora de Grace Kelly.
Los monegascos atestaron la plaza frente al palacio donde se realizó la ceremonia con la esperanza de ver a los recién casados.
La nueva princesa de Mónaco, una rubia de 33 años, ex nadadora olímpica, ascendió de la plebe a la realeza en una ceremonia civil en la sala del trono donde la bella actriz Kelly se casó con el padre de Alberto, el príncipe Rainiero III, hace 55 años.
Los festejos continúan hoy con una ceremonia religiosa y una fiesta de gala cuya lista de invitados incluye jefes de Estado, testas coronadas europeas y la elite de los mundillos de la moda y el deporte.
Con sus grandes ojos celestes y facciones armoniosas, Wittstock ha sido comparada favorablemente con Kelly, quien murió en un accidente de auto hace casi tres décadas. Se prevé que llevará un vestido de la casa de alta costura parisina Chanel.
Aunque era considerado desde hace tiempo uno de los solteros más codiciados de Europa, el príncipe de 53 años se resistió al matrimonio durante años, y muchos en Mónaco –conocido en el mundo por sus lujosos casinos y la flexibilidad de sus leyes impositivas– temían que nunca llegaría el día.
La boda del viernes es la primera para ambos, aunque el príncipe ha reconocido la paternidad extramatrimonial de dos niños.
