El proceso de enseñanza musical ya no se da solo entre el profesor, el alumno y el instrumento. La tecnología es su nuevo integrante.
Ahora hay opciones para facilitar el aprendizaje del alumno por medio de software, aparatos electrónicos o videos interactivos.
Los ejemplos abundan. En 2008 se lanzó el proyecto Atlántida, que consiste en clases de música gratuitas a través de internet, para 300 mil personas, reseñó el diario chileno El Mercurio.
Daniel Gil, de 15 años, no tiene un piano, pero lo que sabe de pentagramas y partituras lo ha aplicado y practicado gracias a su celular. “El aparato tiene una opción de entretenimiento como el del teclado de un piano”, dice.
También están los programas computacionales. La web educativa eduteka.com cita dos: “EarMaster se usa para entrenar el oído y consta de un tutor con más de 60 niveles de ejercicios, y Fanfare ayuda la enseñanza de percepción ambiental, ritmo y teoría musical”.
Pero, según las academias locales de enseñanza musical, en Panamá aún la docencia musical a través de software no es tan popular.
EMedia Piano es uno de los pocos programas didácticos-musicales que hay en el país. El compositor Omar Alfanno, propietario de la academia Dreams Factory –que imparte clases de piano con EMedia Piano– trajo esa tecnología de Estados Unidos hace dos años.
Este software, en una primera fase, ayuda a identificar las notas en el teclado y entrena el oído del estudiante cuestionándolo sobre el uso correcto o incorrecto de las notas. Luego, debe tocar acorde con la partitura que aparece en el monitor.
El profesor de canto Salvador Ríos reconoce que la tecnología es una herramienta útil. “Yo uso Youtube como material de apoyo. Allí hay canciones y pistas que se ajustan al tono que tenga el estudiante”, explica.
Para Samuel Robles, director de la Orquesta Juvenil Istmeña, la tecnología en la docencia es eficaz. “Los jóvenes crecen entre tanta tecnología que les es fácil aprender usando la computadora. Sé de algunos que se aburren del método tradicional... sienten que no avanzan”.
En tanto, Graciela Núñez, profesora de violín del Conservatorio Nacional y de la Universidad de Panamá, estima que la validez de la tecnología en la docencia depende de cómo está diseñado el programa y cómo se aplique. Ella considera que estos sistemas no tienen, necesariamente, el efecto colateral de inducir al estudiante a la pereza o al rechazo al método tradicional.
Sin embargo, los consultados coinciden en que tener un local lleno de pantallas y teclados no hace que el alumno salga hecho un profesional. “La tecnología es un apoyo, pero no hace ni al maestro ni al alumno. El talento y la disposición siguen siendo la base”, concluyen.

