Se estima que cada día los océanos absorben unos 30 millones de toneladas de dióxido de carbono (CO2) de la atmós- fera, aumentando gradualmente la acidez en sus aguas.
Medida con la escala del pH (del 0 al 14), donde los números más pequeños indican sustancias más ácidas, y los más altos, las más básicas, el pH promedio de los océanos es de aproximadamente 8.1, y este ha disminuido alrededor de 0.1 en los últimos dos siglos.
A mayor acidez en los océanos, se reduce el estado de saturación de minerales de carbono, como el carbonato de calcio (CaCO3), esencial para que el fitoplancton crezca y para los procesos de calcificación de especies marinas como moluscos, conchas y corales.
En el documento Cambio climático 2007: Informe de síntesis, el Panel Intergubernamental de Cambio Climático advertía que “la incorporación de carbono antropógeno acaecida desde 1750 ha incrementado la acidez del océano” y que varias proyecciones “arrojan una reducción del promedio mundial del pH en la superficie del océano de entre 0.14 y 0.35 unidades durante el siglo XXI”.
Por otro lado, la acidificación de los océanos causa una disminución de los niveles de oxígeno en el agua, lo que dificulta la sobrevivencia de peces y otras especies marinas, explica Gabriela Etchelecu, directora ejecutiva de la Fundación MarViva.
Con esto, añade, las pesquerías y actividades económicas como el turismo se ven afectadas, debido a la pérdida de atractivos marinos (arrecifes de corales, mamíferos, peces pico y otros). Así, poco a poco, las zonas marinas productivas pasarán a ser zonas muertas e improductivas.
La Autoridad de los Recursos Acuáticos de Panamá no cuenta con estudios locales sobre la acidificación oceánica, aunque tienen planes de hacer un programa de monitoreo de los efectos del cambio climático en el Archipiélago de Las Perlas.
“En Panamá nadie está trabajando en eso realmente y los indicios no son tan evidentes inicialmente, ya que es un proceso que toma años y es en forma gradual, pero está ocurriendo a nivel global y no somos una excepción”, opina el científico Héctor Guzmán, del Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales.




