Hasta hace unos años se consideraba que los ácidos grasos esenciales eran dañinos para la salud. Estudios recientes han demostrado que no solo son beneficiosos sino también que están implicados en el manteni- miento de la fluidez de las membranas celulares y en otras funciones del organismo.
Las investigaciones permitieron dilucidar que pueblos muy acostumbrados al consumo de pescado azul y mariscos, como los esquimales y los japoneses, padecen proporcionalmente menos afecciones cardiovasculares que habitantes de otras regiones donde esta variedad alimenticia apenas tiene cabida en sus dietas.
Caballa, sardina, atún, salmón, trucha, mejillones, ostras y berberechos son frutos marinos en los que se encuentran ácidos grasos en abundancia.
Los ácidos grasos, que no son producidos por el organismo, contienen sustancias esenciales como el omega 3 y el omega 6, cuya abundancia puede contribuir a combatir la depresión y la bajada de defensas. Estas sustancias se hallan también, aunque en menor proporción, en semillas y aceites vegetales como lino, soja y nueces.
Los omega 3 se transforman, por reacciones químicas en el cuerpo, en prostaglandinas, sustancias muy necesarias para regular los sistemas, reproductivo, inmunológico y diges- tivo, además de poseer propiedades antiinflamatorias. Las prostaglandinas son responsables también de la respuesta del intestino a la agresión por parte de algún alimento contra el que se ha desarrollado sensibilidad de tipo alérgico.
Un estudio publicado en julio de 2007 en la revista científica Nature Medicine, indicó que el omega 3 ayuda a prevenir varias enfermedades oculares, como la retinopatía de los bebés prematuros y la retinopatía diabética.

