Las personas que han sufrido alguna vez una angina de pecho la describen como una sensación de opresión y ardor en el tórax acompañada de síntomas de asfixia. Aunque se produce cuando la pared muscular del corazón no recibe de forma temporal una cantidad suficiente de oxígeno, una angina no es un ataque al corazón.
Al contrario, el músculo cardíaco no sufre un daño permanente y el paciente suele recuperarse. Pese a ello, los expertos recuerdan que suele ser un síntoma de una enfermedad coronaria y que quienes la sufren tienen más probabilidades que el resto de tener un infarto.
Hoy existe una variedad de tratamientos que van desde procedimientos mínimamente invasivos hasta cirugías de corazón abierto. Todos tienen una efectividad variable, de acuerdo con cada caso. Entre las nuevas terapias para el manejo de las enfermedades cardiovasculares se incluye la contrapulsación externa, que se ofrece en Panamá desde 2007.
La contrapulsación externa se trata de un proceso no invasivo, sin cirugía ni cateterismos. Busca estimular la apertura o formación de pequeñas ramas de vasos sanguíneos para crear así “bypasses naturales” alrededor de las arterias coronadas bloqueadas o reducidas, dice el especialista en medicina interna Edgar Sánchez.
Es, además, una terapia cómoda, señala Francisco, un paciente que recibe la contrapulsación.
“Durante la sesión, Francisco descansa en una cama acolchada, equipada con tres grupos de válvulas de inflado-desinflado en unos manguitos neumáticos compresivos, que se colocan alrededor de pantorrillas, muslos y cadera”, dice Sánchez.
Mientras duran las compresiones, el paciente es monitoreado y el proceso regulado por señal electrocardiográfica. Entre los efectos colaterales más comunes figuran sensación térmica de calor, ligero dolor de cabeza, algo de mareo, fatiga o dolor muscular.
Sánchez indica que esta terapia produce nuevas arterias colaterales sanas, que van a servir como una vía alterna para que pase la sangre y el oxígeno que no circulaba por las arterias obstruidas.

