La duración y divisiones del calendario que conocemos, en 12 meses de 30 y 31 días, así como la existencia de un mes de 28 ó 29 días, fue establecida por el emperador Julio César en el año 45 a.C. Este calendario fue corregido levemente por el papa Gregorio XIII en 1582 (calendario gregoriano, que usamos actualmente).
El 1 de enero fue establecido como inicio del año por su cercanía al solsticio de invierno (21 de diciembre) en el hemisferio norte.
Se dice que hacia el año 523, cuando el cristianismo era la religión oficial del Imperio Romano, el canciller Bonifacio solicitó a un monje astrónomo llamado Dionisio el Exiguo, que calculara la fecha del nacimiento de Cristo, con el objeto de comenzar una nueva forma de contar los años a partir de ese momento tan trascendental.
Los obispos estaban cansados de contar los años según la asunción al trono del emperador Diocleciano (un perseguidor de la Iglesia) o desde la fundación de Roma. Tras complicados y errados cálculos, Dionisio determinó que Jesús nació el 25 de diciembre del año 753 A.u.c (ab urbe condita o fundación de Roma).

