Para algunos es el escándalo en persona, para otros es una leyenda. Unos lo relacionan con el sonido del rock pesado. Otros, con el culto a los muertos y con una familia disparatada con tendencia al exhibicionismo.
El británico Ozzy Osbourne no es del gusto de todos. Pero está claro que no es normal. Se le escapó varias veces a la muerte, pero hoy cumple 60 años.
Osbourne abusó por años de las drogas y el alcohol. A su imagen contribuyeron sus mensajes demoníacos y escandalosos conciertos. Trabajó en un matadero, una funeraria y una fábrica de carros. De joven estuvo preso por participar de un atraco.
El éxito en la música llegó en la década de 1960, cuando creó Black Sabbath. Los “Beatles del heavy metal”, según la revista Rolling Stone, abrieron el camino a bandas como Metallica y Iron Maiden. Su lema era: música atronadora para dar miedo. Tras ser expulsado de Black Sabbath a fines de la década de 1970, inició una carrera solo, ingresó en clínicas de desintoxicación y luego volvió a actuar con sus ex colegas.
En uno de sus conciertos, Osbourne le arrancó la cabeza a mordiscos a un murciélago, hizo volar cabras y disparó a gatos.
Su matrimonio con Sharon, su segunda esposa, y su disparatada vida con los no menos estridentes hijos Kelly y Jack pudieron ser seguidos por el mundo desde 2002, cuando dejaron que las cámaras los acompañaran día y noche en el reality show The Osbournes.
Tras ese éxito, Osbourne logró que se volviera a hablar de su música: cantó con su hija canciones de rock, pero más tranquilas. Un accidente con su moto en 2003, que casi lo mata, posiblemente lo obligó a reflexionar.
