ALGUNOS APUNTES SOBRE ELLOS.

Panameños para recordar

Nació Francisco Javier Luna Victoria y Castro el 2 de diciembre de 1695 en Natá de los Caballeros; fue durante el siglo XVIII el primer obispo de la Iglesia católica nacido aquí, desde 1751 hasta 1759; para entonces fue trasladado al Perú. Fue además maestro de escuela, los cuales escaseaban en el país. Luchó por conseguir ayuda a fin de poder organizar lo que se considera la primera universidad que hubo aquí. Lo cual logró transformando el antiguo Colegio de los Jesuitas (1749) en la Universidad de San Francisco Javier.En 1767 los miembros de estas comunidades fueron expulsados por órdenes del rey español Carlos III, de las posiciones españolas. El nombre de Luna Victoria y Castro está esculpido en una de las paredes de piedra de nuestra Catedral. Falleció el 11 de marzo de 1777. Después les mostramos un dibujo, perdonen las manchas que tiene, pero es que el tiempo no perdona.Nuestro siguiente personaje que le presentamos hoy lo fue Don Manuel José Hurtado, quien nació en esta capital el 1 de diciembre de 1821, dos días después de nuestra emancipación del reino español; redactó nuestra acta de independencia. Fundó colegios (El Académico y el de Estado). Había estudiado en Inglaterra desde donde se trasladó a París para graduarse como Ingeniero Civil. Y aún sacaba tiempo para también dedicarse al comercio. Fue director de Instrucción Pública Primaria. Dirigió las obras emprendidas para tratar de arreglar las murallas de esta capital. Murió el 8 de febrero de 1887. Se le llama el padre de la Instrucción Pública del Istmo. La fecha de su nacimiento fue escogida como la del Día del Maestro. La foto es de su busto de bronce.Por último verán la efigie de don Nicanor Villalaz, quien nació en Los Santos el 8 de diciembre de 1855. Creador del escudo de armas de la República. A pesar de que si se pudiera medir la “popularidad” de los tres símbolos patrios (himno, bandera y escudo) los dos primeros se siente que gozan de mayor aceptación, pero el escudo posee mayor capacidad simbólica, como nos lo dice Carmen Villalaz de Wolff. Murió don Nicanor en esta ciudad el 21 de abril de 1932. Pedimos excusas a la señora Lupe de la Cruz por los errores y omisiones cometidos y le agradecemos su colaboración.

Panameños para recordar
Panameños para recordar

Hoy vamos a traer ante ustedes a tres personajes cuyas acciones y procederes ejecutados hace ya largo tiempo, hicieron que por su trascendencia no se hayan podido olvidar, y es por ello que siglos después aún son rememorados.

Son Francisco Javier de Luna Victoria y Castro, Manuel José Hurtado y Nicanor Villalaz. A lo largo de estas líneas daremos fe de por qué son recordados estos valiosos ciudadanos.

Vivieron en épocas diferentes, pero acá los mencionaremos de acuerdo al orden en que vivieron, es decir, del más antiguo al más reciente.

El primero tuvo dos actividades muy diferentes, fue nada menos que soldado y sacerdote; el segundo se ocupó más de aspectos educacionales; y el tercero de asuntos jurídicos, aún cuando fue también el creador de nuestro escudo de armas.

No nos olvidemos que fueron épocas, de que en Panamá eran más que notorias, por lo imprescindibles, las ausencias de personas dedicadas a esos oficios.

Nuestro territorio era muy extenso, ya que se ocupaba desde el Atrato hasta Guatemala. En tiempos de Francisco Javier de Luna y Victoria, estaba dividida en las provincias de Panamá, Portobelo, Darién y Veraguas.

La primera de éstas comprendía o abarcaba también a Nata y a La Villa de Los Santos (estamos hablando de 1751 y algunos años subsiguientes) además de seis lugares y 14 pueblos con un total de 7 mil 856 habitantes, sin contar a los indios y a los esclavos que en los absurdos censos de aquellos tiempos, ¡no se consideraban!

La de Portobelo incluía la población del mismo nombre, Palenque, habitada por individuos de la raza negra ya libres, las minas de Santa Rita y la venta de Boquerón. Allí existían mil 262 habitantes.

La del Darién estaba formada por los poblados de Santa Cruz de Cana, el Real de Santa María, Chepigana y Cupé, allí existen otros caseríos. En total poseía 3 mil habitantes.

Y por último Veraguas, con tres colectividades, a saber: Santiago, Remedios y Alanje, y además de casi 50 caseríos con un total de 4 mil 952 pobladores.

De repente las flotas de barcos que efectuaban el tráfico con España fueron descontinuadas por varios motivos, lo cual, como era de esperarse, trajo la decadencia en todo sentido de este reino de Tierra Firme.

El comercio quedó reducido, los puertos inactivos. En el Darién hubo frecuentes levantamientos de sus aborígenes que, como era de esperarse, redujeron a los extranjeros y también al comercio.

Para completar tantos obstáculos al desarrollo, un gran incendio, el de 21 de marzo de 1756, destruyó la construcción aledaña a lo que hoy se conoce como la Plaza de la Catedral.

Se conoció como el fuego chico para diferenciarlo del ocurrido en 1737.

Nos hacen falta aún muchos datos pertinentes de cómo era la Panamá de aquellos tiempos, mas suspendemos aquí para dedicarnos a las fotografías que vais a ver y que esperamos despierten especial interés.

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