Las antiguas civilizaciones chinas también construyeron pirámides para honrar a sus monarcas fallecidos, como en Egipto, y las que se conservan en la actualidad, en la norteña región de Ningxia, se ven amenazadas por la desertización y la erosión del viento, que ya ha agrietado algunas.
Seis grandes pirámides, de unos 15 metros de altura, rodeadas por decenas más pequeñas, emergen en los secos páramos de las afueras de Yinchuan, la capital regional, donde hace mil años se encontraba el poco conocido reino Xia del Oeste y donde hoy conviven musulmanes de la etnia Hui y chinos de la mayoría Han.
Las pirámides fueron descubiertas a finales de los años 70, durante las obras de construcción de un aeropuerto, y como recuerdo de ello,son sobrevoladas casi continuamente por aviones militares chinos que despegan y hacen maniobras aéreas desde una base cercana. Visitadas por miles de turistas, las pirámides de arcilla no son demasiado espectaculares y la lejanía entre unas y otras hace difícil admirarlas, pero forman parte de la historia china y permiten a los habitantes del país afirmar con orgullo que también ellos, como los aztecas, mayas o egipcios, erigieron monumentos piramidales.
