Una cicatriz cerca de la sien habría cambiado el destino de Laura Benbenaste, docente argentina de 38 años que levantó un proyecto para hacer productivo el tiempo libre de chicos entre 13 y 18 años.
A pesar de que sabía que quien le arrojó la piedra que la lastimó era un adolescente malintencionado, creyó en su ideal: el de revalorar el tiempo de ocio de jóvenes para conducirlos por caminos prósperos.
Han pasado nueve años desde que el sueño de Benbenaste se materializó mediante la creación de la fundación Puerta 18, un centro que ofrece educación extracurricular en producción musical, robótica, diseño gráfico, animación 2 y 3D, fotografía, dibujo y efectos especiales en Argentina; y permite a cada joven escoger el curso de su preferencia.
¿Cómo funciona Puerta 18?
La multiplicidad de especializaciones tiene la intención de satisfacer una pregunta que a los muchachos les asalta: ¿qué tengo que hacer?, explicó Benbenaste, quien estuvo en Panamá como invitada en un conversatorio organizado por el Taller Magenta.
Puerta 18, en Zelaya, Argentina, posee una membresía de 80 chicos (en total 2 mil 500 han pasado por la fundación), cuyos proyectos tecnológicos e innovadores han calado en organismos internacionales como lo fue una campaña publicitaria para el Banco Interamericano de Desarrollo.
Más que recursos, un espacio físico o materiales, Benbenaste considera que lo que hace grande a una fundación con visión educativa y cultural es la disposición de su personal.
Cada tres meses, un grupo nuevo de jóvenes ingresa a Puerta 18 y sale con un triunfo, un proyecto finalizado que les funciona de referencia para su hoja de vida una vez cumpla los 18 años y deba enfrentar los desafíos de la etapa adulta.
