Fueron varias las razones para que el 4 de octubre de 1959 se originase en Colón una protesta obrera que no estuvimos totalmente de acuerdo cómo se desarrolló, si con sus objetivos iniciales y cómo se organizó.
Algunas compañías constructoras que se habían ganado contratos para efectuar diversos trabajos en la antigua Zona del Canal no le pagaban a los colonenses lo que era de justicia, por el contrario, traían los trabajadores de otras regiones del país y le reconocían más de lo que era lógica reconocerles. Pero existieron otras razones más para aprobar el movimiento.
Antes de resolverse a efectuar la protesta que más tarde cristalizó con éxito, las directivas del grupo de la organización que protestaba hablaron con el Presidente de la República y varios diputados para ver si era posible un acuerdo preliminar. Pero no se alcanzó unanimidad de criterios en la Asamblea Nacional.
Entonces, los trabajadores del área atlántica resolvieron unirse y efectuar una marcha a pie, desde la capital atlántica a la Asamblea Legislativa, reunida en esta capital.
Lo que se les quería aumentar de sus salarios no cubría los gastos más elementales y así no podían subsistir.
Los alquileres de las absurdamente pequeñas, por las destartaladas viviendas, también eran cobradas en forma injusta e ilegal.
Hasta el producto alcanzado por los campesinos también lo tenían que entregar sin recibir las ínfimas ganancias exigidas.
Fue entonces cuando los directivos de los trabajadores Andrés Galván y Eugenio Barrera nos pidieron ayuda para que en caso de accidentes o agotamiento por la marcha de 75 kilómetros que iban a efectuar hombres y mujeres a pleno sol entre Colón y Panamá, tuvieran agua, elementos de curación, oxígeno, ambulancia y personal que durante el trayecto lo vigilaran y los pudieran socorrer.
¿Quién se podía negar? Una ambulancia del Hospital Amador Guerrero, del cual éramos el director los acompañó. Y llegaron a la capital después de 15 horas de caminar, bajo un sol que así fuese el de las primeras horas, uno nunca trata de buscarlo y mucho menos caminando y cansado de coincidir con él.
Habían salido de Colón a las 7:30 de la noche del día anterior, domingo 15 de octubre.
Creemos que fue la primera ocasión en la que en esta República se hizo una manifestación así.
La Policía zoneíta trató de evitar que esas personas pasasen por allí, pero en vista de la gran cantidad de manifestantes y de su ordenado proceder, ni siquiera los vieron desfilar.
Por todo el camino los saludaban efusivamente y se les añadían más participantes. Una vez en la capital desfilaron por algunas de sus calles y se dirigieron a la sede de la Asamblea Nacional.
Allí el Presidente de esa corporación les dio la cortesía de la sala, pero la mayoría de los diputados se retiraron, lo que llenó de indignación a los manifestantes que lanzaron a algunos de ellos a las piletas que allí existían. Andrés Galván se declaró presidente de la Asamblea, Barrera, secretario y los manifestantes aprobaron imitar una sesión. Se quedaron varios días en la capital, durmiendo en los parques. Los diputados volvieron y aprobaron un pequeño aumento en los salarios, un futuro Código Agrario y vigilar (algo que no se cumplió) que no se aumentaran los precios de los alquileres, sobre todo de las clases más pobres.
El presidente Ernesto de la Guardia Jr., no desaprobó las medidas. Como de costumbre algunos comentaron que todo eso era comunismo, pero a pesar de que los jefes eran de ese partido ayudaron a una causa que esta hoy es difícil de olvidar.
Textos: Harry Castro StanziolaFotografías: Propiedad de Andrés Galván / Procesadas por Ricardo López AriasComentarios: vivir@prensa.com

