Una luz brillante para todas las generaciones por su origen, perseverancia y genialidad en el mundo de la música y la composición. Así describió el director del Instituto Nacional de Cultura, Anel Omar Rodríguez, al recién fallecido Roque Cordero.
Director de orquesta, compositor y educador, Cordero nació en Panamá en 1917. Fue profesor honorario del Departamento de Música de la Universidad de Chile, en 1963, obtuvo un Doctorado Honorario de la Universidad de Hamline, en 1966 y la Gran Cruz de la Orden de Vasco Núñez de Balboa, en Panamá, en 1982, además de haber ganado premios internacionales.
Es por eso que el Teatro Nacional, aunque vestido de luto por la pérdida del músico, ocurrida el pasado 27 de diciembre, emitía sonidos de homenaje entre un aplauso y otro la noche del jueves 8 de enero.
La Orquesta Sinfónica laureó al músico a través de la interpretación de Soliloquios No. 4 para percusiones, composición de Cordero.
La Orquesta entonó La Danza de los Grandes Diablos, de Gabriel Tapia, Babot el Duende, de Dino Nugent, y Panameño Panameño, de Eduardo Charpentier.

