La galería, entrañada en un pasillo del Casco Antiguo, que dirigen Johann Wolfschoon y Analida Galindo, tiene, hasta el 1 de marzo, otros vecinos a los que usualmente despiertan y ven la entrada y salida de obras junto a sus creadores de DiabloRosso.
Hoy cierra ARCO, la feria internacional de arte contemporáneo más importante de España.
En el día clave, el jueves 26 de febrero, los galeristas, a puertas cerradas, revisaron las 218 galerías provenientes del globo; 47 son latinoamericanas.
Wolfschoon y Galindo presentaron a Adriana Minoliti, en una edición la trigésimo cuarta que, en un primer vistazo, le otorgó notable protagonismo a América Latina, empezando por darle a Colombia el título de país invitado de honor. Era de impresionarlos o de volver con las obras embaladas a la galería multifuncional de la calle octava de San Felipe. Solo los vecinos serían testigos si tal cosa ocurrió.
Invitada a instalarse en la sección “Solo Projects” de ARCO –curada por Miguel López, Kiki Mazzuchelli y Emiliano Valdés– DiabloRosso tuvo de galerías colindantes a Henrique Faria (Nueva York), Luisa Strina (Sao Paulo) y Proyectos Ultravioleta (ciudad de Guatemala), entre otras. “Esto fue un gran honor para DiabloRosso, ya que son solamente 24 las galerías a participar en esta sección”, dice Johann Wolfschoon desde Madrid.
“DiabloRosso trabaja por la carrera de sus artistas”, agrega Wolfschoon, y “participar en estas ferias es una inversión en sus carreras. Es la oportunidad para que los conozcan y/o se establezcan dentro de circuitos del arte a los que posiblemente de otra manera no tendríamos acceso. Es la oportunidad de dar a conocer nuestra visión”, agrega sobre el manifiesto, cuyo objetivo se dirigió a la argentina Adriana Minoliti.
Wolfschoon, Galindo y Minoliti presentaron cuatro pinturas en gran formato y varios trabajos sobre papel de pequeñas dimensiones.
En la obra, la pintura se extiende desde el interior de una habitación a lo profundo de la selva, creando ambientes donde, a través de estímulos visuales y sensaciones, se vuelve una escenografía en la que realizar deseos.
“Esta profunda carga conceptual, conocimiento de la historia del arte y su dominio del color y la técnica, convierten sus obras en trabajos complejos que gustan tanto a los conocedores más exigentes, hasta a un público menos preparado”, reflexiona Wolfschoon sobre las creaciones de Minoliti, nacida en Buenos Aires en 1980.
Si bien participar en una feria “es difícil”, según Wolfschoon, debido a los altos costos de los pabellones, hasta los traslados de obras, montaje, hospedaje y transporte, “para DiabloRosso, lo más importante de estas ferias es la posibilidad de participar en un diálogo de nivel internacional con curadores, artistas y coleccionistas”, puntualiza.
Por más que la galería no recibe ningún tipo de ayuda pública o privada, según Wolfschoon, la participación de DiabloRosso en la feria de la que este 1 de marzo se despedirán como “uno de los siete mejores stands de los 218 participantes de ARCO”, según la plataforma Artnet, es un ejemplo de que generar las suficientes ventas y ahorros durante un año e invertir en cultura enaltecen el nombre del país, algo que también lograron en 2012, cuando DiabloRosso asistió a ARCO para presentar a Donna Conlon y Jonathan Harker, “quienes entraron a formar parte de colecciones públicas y privadas, gracias a ventas y contacto generados en esta feria”, asegura Wolfschoon.
“Creemos muchísimo en la creación y el fortalecimiento de las redes del arte. Conocer nuevos actores de este circuito y trabajar para mantener ese posicionamiento de la carrera de nuestros artistas es lo más importante”, concluye el director de DiabloRosso, invitado a participar en una feria internacional que manejó este año un presupuesto de casi 5 millones de dólares.
