HÍBRIDO. ARTE, VESTIR Y COMER.

Restaurante Diablo Rosso

El menú, del tipo sopa-sándwich-ensalada, tiene muchas cosillas sabrosas.

Restaurante Diablo Rosso
Restaurante Diablo Rosso

Tenía todas las intenciones de visitar Diablo Rosso desde hace ya un tiempo, pero entre una cosa y otra he venido dilatando la visita.

Para llegar al comedor, atraviesas la parte delantera de la tradicional casita de Bella Vista, donde encuentras mercancía joven, hip, y algo bohemia.

El salón que sirve de restaurante, bar y sala de cine (los martes proyectan filmes) se encuentra ahí: la decoración se podría describir como kitsch, o del tipo de pareja joven sin dinero, pero con aspiraciones.

Primer punto a su favor: entre las cervezas que tienen está la Grolsch Amber, así que pedí una mientras estudiamos el menú: éste no es más que una hoja de papel tamaño carta, doblado en dos, pero con inmaculado pedigrí: el chico que estaba atendiéndonos (éramos la única mesa ocupada) nos informó que el menú había sido asesorado por la chef Clara Icaza.

Tiene pocos platos, pero todos suenan ricos y divertidos. Tienen quesadillas, así que entre ellas pedimos el Mazinger Feta, que hace alusión al robot Mazinger Z, de la serie de manga de Go Nagai. En una tortilla integral, trae feta y espinaca, y no poco romero: el exceso de éste no permite disfrutar muy bien del feta con espinaca, pero la guarnición de pico de gallo que trae equilibra un poco la ecuación, así que al final, el voto es favorable.

La segunda entrada, llamada Carmen Palito, consistió en tres pinchitos de filete al grill, con una salsa de maní apenas un poquito picosa, con una suerte de ensaladilla de pepinos y zanahoria.

Ordenamos dos ensaladas: una de ellas (Pollo Kalimán, esa referencia no la entendí) es un couscous colmado de ensalada de pollo con aderezo de mayonesa y curry dulce, estilo Madras, con hierbas frescas, que además trae una guarnición de pepinos con limón que hacen rico contraste con los demás elementos del plato.

Finalmente, “la mano que mece la tuna” es un plato de peperonata con pimentones, mucha, mucha cebolla y alcaparras; trae, encima, berenjenas asadas, papas hervidas y una porción decentona de atún sellado, y aderezado con un poco de limón. Lo pedimos azul (o sea, apenas sellado), y vino perfecta (¡al fin, un sitio donde entienden cómo hacer un pinche atún!)

De postre, pedimos un pecan pie de chocolate al que, en mi opinión, le faltó un poco más de pacanas. ¡Ah¡, a diferencia de muchos otros sitios, el joven que nos atendió se conocía su menú y sus recomendaciones fueron muy atinadas. Dixit.


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