La ciudad de Punta Arenas, ubicada en el extremo austral de Chile, y capital de la Región de Magallanes y la Antártica Chilena, es el punto de partida para numerosas excursiones a sitios históricos en la zona, como el Fuerte Bulnes y Puerto del Hambre, y para la observación de fauna marina en su hábitat.
En Punta Arenas hay, además, varios museos y abundan los hoteles, hostales, tiendas, restaurantes, fondas y agencias de servicios turísticos.
Por aproximadamente 70 dólares, el visitante puede tomar una excursión a bordo de una lancha rápida hacia el Monumento Natural Los Pingüinos, situado a 25 millas náuticas al norte de la ciudad.
Este comprende la isla Magdalena y la isla Marta, donde habita gran cantidad de aves, como cormoranes reales y de las rocas, petreles, e ibis, entre otros.
El viaje desde esta ciudad a través del estrecho de Magallanes toma dos horas y media, aproximadamente. Un factor importante para tener en cuenta es el clima, que en la región es muy variable.
En isla Magdalena habita una colonia de entre 50 mil y 60 mil parejas de pingüinos magallánicos, que anidan en toda la superficie de la isla. Cada año se reúnen entre octubre y marzo para reproducirse y luego, migran hacia las costas de Perú y algunos, incluso, hasta la costa sur de Brasil.
Otro sitio popular para observar pingüinos es el Seno Otway, ubicado a 65 kilómetros al norte de Punta Arenas.
EL RECORRIDO
A las 7:00 a.m. comienza el paseo. El puerto de embarque es un pequeño muelle en la bahía de Laredo. Si va en marzo, debe llevar ropa abrigada e impermeable, gorro con orejeras, zapatos apropiados para caminar en tierra, que no resbalen, y bloqueador solar.
Al desembarcar se debe caminar por el sendero marcado. A la izquierda, en la orilla del mar, los pingüinos nadan y otros se asolean en las piedras. A la derecha están sus pequeñas cuevas y plumas que han mudado. Algunos se esconden al ver a los visitantes; otros, posan para ellos.
En la cima hay un faro desde donde se puede apreciar una hermosa vista, y se siente más intensa la fría brisa.
Al cabo de una hora continúa la excursión hacia la isla Marta, pero allí no es permitido desembarcar. Desde la nave, se observan numerosos lobos marinos de todo tamaño que descansan y juegan en la orilla.
Los machos parecen discutir entre ellos. Al arrastrarse rápido, como espantando al rival de su territorio, hacen mucho ruido con las piedritas negras debajo de sus voluminosos cuerpos.
Cinco machos permanecen apartados cerca de una pared de roca. El "patrón" de la lancha explica que son los ancianos de la colonia.
Bandadas de aves sobrevuelan la lancha y la isla. De pronto, se siente un resoplido. Es un lobo marino que curiosea a los turistas.
Vea El camino del hambre

