Desde mediados del siglo pasado, la mujer ha recibido una mayor preparación profesional y ha salido a trabajar a la par del hombre.
Otros comportamientos han ido variando, y poco a poco las tareas del hogar, asignadas tradicionalmente a la mujer, se convierten en deberes compartidos con los caballeros de la casa.
Antes, el hombre era quien proveía alimentos y la mujer se encargaba de cuidar a los niños, pero la sociedad avanza hacia un sistema en el que las responsabilidades se equiparan.
“Ambos [hombres y mujeres] proveen y cuidan a la prole. Por tanto, han desarrollado igual responsabilidad, deberes y derechos”, comenta Isaías Madrid, psicólogo clínico.
La educación y la forma en la que socializamos son algunos de los factores que determinan que hombres y mujeres se comporten diferente, opina Beatriz Mizrachi, terapeuta miembro del Instituto de Terapia de Familiar y de Pareja.
“En Latinoamérica es un cambio muy lento”, expresa Mizrachi, quien considera que vamos hacia el punto de que más allá de sentirnos diferentes y en posiciones antagónicas, logremos entender que nos necesitamos los unos de los otros y que cada uno tiene su parte fuerte y su parte que vale, dice.
El sociólogo Raúl Leis considera que las características psicológicas, sociales y culturales, que definen el género, se transforman con el tiempo y son modificables.
“Género es una construcción social que supone un conjunto de acuerdos tácitos o explícitos elaborados por una comunidad determinada en un momento histórico determinado y que incluye a los procesos de enseñanza-aprendizaje”, agrega Leis.
VEA Entre el equipo y el poder
