El monumento megalítico de Stonehenge, que atrae anualmente a turistas y hippies de todo el mundo y en el que algunos han visto un antiguo observatorio astronómico, fue una especie de santuario para los antiguos druidas, según el el nuevo libro de Timothy Darvill, profesor de arqueología de la Universidad de Bournemouth.
Los habitantes de las islas británicas acudían a ese monumento que data de entre los años 2 mil 500 y 2 mil antes de Cristo, para curarse de sus males como hoy hacen los cristianos que viajan a Lourdes.
El libro, titulado Stonehenge: The Biography of a Landscape (Biografía de un Paisaje), Darvill presenta pruebas de que muchos de los restos humanos encontrados en tumbas próximas a ese monumento, formado por varios círculos concéntricos de piedras de gran tamaño, indican que las personas en cuestión estaban enfermas. Los análisis de dentaduras efectuados indican que muchos de los enterrados allí no eran habitantes de las localidades vecinas.

