El huevo tiene un significado religioso para, al menos, dos religiones: el cristianismo y el judaísmo.
Para los cristianos, explica el obispo Pablo Varela, “el huevo es símbolo de vida y renovación; imagen de vida nueva”.
Cuenta Varela que rigurosas disciplinas de ayuno cuaresmal incluían la prohibición de comer huevos. Al llegar la Pascua, entonces, se encontraban con una acumulación de huevos. “Y una manera de canalizarlos era usarlos en la simbólica pascual”, indica.
Así, en la Edad Media se empezaron a distribuir huevos pintados. En el siglo XVIII, los huevos vacíos se empezaron a rellenar de chocolate, y luego se pasó a los huevos de chocolate, que aún subsisten.
En el judaísmo, en tanto, el huevo es un alimento indispensable en la Pascua judía, para recordar la ofrenda que acompañaba el sacrificio del animal en la época del Templo de Jerusalén. Según el rabino, Gustavo Kraselnik, “hay quienes ven en el huevo cocido el corazón del faraón, que se endurecía al impedir la liberación de los esclavos israelitas. Otros lo comparan con la historia del pueblo judío. Así como el fuego endurece el huevo, las situaciones adversas fortalecen al pueblo judío”.
El huevo también forma parte de las comidas de duelo del judaísmo. Su forma ovalada marca la noción de la continuidad de la vida. Según Kraselnik, “el dolor rueda por el mundo, y nadie puede esquivarlo”.
