Eduardo Soto no podía dejar de tararear el himno nacional y dejó a toda su familia cantando la bendita canción durante semanas. Le "huían" a cualquier acto patriótico, incluyendo el cierre de transmisiones de la tele. James Kellaris, profesor de mercadeo y experto en la influencia de la música en los consumidores de la Universidad de Cincinnati, ha llamado a estas melodías pegajosas earworms (gusanos auditivos). Los estudios sobre la materia indican que al 99% de la gente se le ha pegado una canción en la cabeza. Y puede ser cualquier melodía; cada persona tiene su propia canción tortuosa. De la investigación resultó que las canciones con letra son las que más frecuentemente se pegan(74%), seguidas por los jingles comerciales (15%) y las melodías instrumentales(11%). Según Kellaris esos episodios resultan más irritantes para las mujeres que para los hombres.
Los gusanos auditivos, la "repetunitis", el "síndrome de la canción pegote" o el "virus sonoro" como lo llaman algunas víctimas, ataca con más frecuencia (y les dura más) a los músicos y melómanos. "Es como una picazón que necesita que la rasquen", asegura Kellaris en una publicación de su universidad. "La única manera de quitar la molestia es ensayar la melodía mentalmente, hasta que el cerebro encuentre algo excepcional en el estímulo musical". La subsiguiente repetición mental puede exacerbar la picazón hasta que el rascarse sea algo incontrolable y el individuo se sienta atrapado en un loop.
La cura, Kellaris no la conoce, pero ha descubierto que cuando las personas musicalmente torturadas luchan contra su propio gusano, tratan de utilizar otra melodía para expulsar a la que tienen pegada, intentan distraerse para no escucharla dentro de su cabeza, hablan con alguien al respecto completan la canción en su cerebro en un esfuerzo por exterminar a tan abominable bicho musical.
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