La sudafricana que tras su boda a principios de julio con el príncipe Alberto II de Mónaco acaparará todos los focos dirigidos al principado, se enfrenta a su nuevo papel con humildad, pero con la intención de que no se le considere una simple copia de su predecesora, la mítica Grace Kelly.
“No se puede comparar a dos personas”, ha afirmado en las múltiples entrevistas que desde el anuncio del compromiso en junio de 2010 la pareja ha ofrecido para presentar su proyecto de futuro y acercar a los monegascos y al resto del mundo a quien hasta entonces era conocida por su trayectoria como nadadora olímpica.
Nacida en Zimbabue el 25 de enero de 1978, Wittstock, que a los 12 años se trasladó a Sudáfrica junto a su familia, dice entrar en esta fase de su vida “consciente de las responsabilidades” que su nuevo estatus le impone, pero con la voluntad de seguir aprendiendo para estar a la altura de las expectativas.
Para ese papel lleva preparándose más de cuatro años, con la disciplina y la determinación inculcada en su etapa dedicada a la natación de alto nivel, en la que en 2002 llegó a ganar tres medallas de oro en la Copa del Mundo, y una medalla de plata durante los Juegos de la Commonwealth celebrados en Manchester.
La biografía oficial de la que a partir del 1 de julio podrá firmar como Charlene de Mónaco indica que desde 2009 es presidenta de honor del “Ladies Lunch” de Monte Carlo, y que entre sus otros cargos ha sido nombrada madrina de la Fundación Nelson Mandela y de las “Born Free” y “Special Olympics Charity Foundation”.
