Hoy los suelos del mundo gritan a través de sus grietas, por el daño desmedido que le ocasiona el hombre y el cambio climático.
Muchas tierras alrededor del mundo experimentan actualmente medidas extremas, como el fenómeno de la desertificación, que produce la erosión del suelo, lo que imposibilita los cultivos.
En Panamá aún no se está pisando sobre un terreno desertificado, pero el país sí cuenta con suelos degradados por diversos factores, entre ellos: el uso excesivo de pesticidas, la pobreza, el cambio climático.
Suelos istmeños, como los que conforman la sabana veragüense, el arco seco (Los Santos, Herrera y Coclé), la comarca Ngäbe Buglé (Bocas del Toro, Chiriquí y Veraguas) y Cerro Punta (en las tierras altas de Chiriquí) están degradados, señala el ingeniero hidrólogo Israel Torres, que coordina proyectos de desertificación en la Unidad de Cambio Climático de la Autoridad Nacional de Medio Ambiente, haciendo alusión al resultado del Plan de Acción Nacional (2004-2005).
Actualmente, se tiene como meta continuar los estudios, pues otros suelos, además de los señalados, también están experimentando degradación, indica.
