Sukhi (cuyo nombre significa “gente feliz” en tai, y califica su oferta como “cocina de Asia Sudoriental”), con su menú tailandés, tendrá éxito porque ofrecen una buena relación costo-calidad; la comida es fresca, con los sabores brillantes, los contrastes de aromas, sabores y texturas que hacen de la cocina tailandesa y de sus naciones circundantes (Vietnam, Myanmar...), el deleite de sus adeptos; el servicio es cordial, aunque bien puede tardar porque el chef –un inglés casado con panameña- prepara todo al instante.
El menú consiste de platos tai con influencias periferales como los deliciosos rollos vietnamitas de verano, con su envoltorio de “papel” de arroz, rellenos de fideos, tofu, pepino, menta, albahaca tai, zanahoria y lechuga, aderezados por dentro con salsa a base de namplá (de pescado fermentado) o el frescor de los wraps o taquitos de lechuga rellenos de pollito con cebollinas, hongos, ajo y cebollina a la plancha, con arroz y su salsa agridulce.
Dos platos muy pedidos son los gyoza de pollo que no me volvieron loca, porque para comerme una empanada frita, pues me voy al Delyris aunque este último no las ofrezca con cebollinas y maní, ni las money bags o carteritas rellenas de puerco, camarones y castañas de agua. Muy al gusto de mi RdT estuvo la sopa Tom Yum, caldo que puedes elegir con pollo o langostinos. No pudo faltar un pad thai, el casi “plato nacional” de Tailandia, que consiste de fideos chatos cual fettucini, y que generalmente trae tofu frito, maní, azúcar de palma, tamarindo, maní y cebollinas.
Pedí la ensalada thai (que pedí con trocitos de tofu fritos en vez de carne o langostinos) con sus especias tai, tomatitos, lechuga, hierba de limón, galangal, frijoles nacidos, cebolla, zanahoria y un aderezo tradicional de nam pla, y el curry vegetariano, que trae pasta amarilla, leche de coco y papas, brócoli, cebolla, coliflor. Tienen curry rojo y verde, que al igual que casi todos los platos con fideos y los curry puedes pedir con langostinos a $9.95 o pollo a $8.50, con sus curris pertinentes, y sus sabores periferales: hojas de limón kaffir, jengibre galangal, albahaca tai, un poquitín anisada, su toque de nam pla, y otras sazones, según proceda. RdT pidió el rojo, que trae una buena dosis de albahaca leche de coco y por supuesto, arroz jazmín para amainar los potentes sabores del curry.
El salteado de pollo con pepitas de marañón me gustó porque si no eres amiga de los carbohidratos, puedes no comerte el arroz jazmín que lo acompaña, y quedas satisfecha con tu ración de trocitos de pechuga con pepitas, pimentones y cebollas. Dixit.
