Ana Alfaro Especial para La Prensavivir+@prensa.comJusto cuando estoy en dieta baja en carbohidratos (sí, Saltamontes, he perdido cuarenta libras en cuatro meses) me entra este prurito por el sushi.
A pesar de que sean carbohidratos blancos [el arroz], y a pesar de que voy a abogar por las aberraciones que he combatido hace veinte años: o sea, los makizushi a la criolla.
Pero como dicen por ahí que "si no puedes con ellos, te les unes", así mismo como acepté el derecho de vivir de la comida tex-mex y de aquella otra fusión cultural, la cocina "argentaliana" (¿bife a la parmesana?) tengo que dar una última pataleta de ahogado en defensa del sushi, así sea semántica solamente.
Y digo que semántica, porque el "suchi" panameño ha cobrado vida y personalidad propia. Los "pelaos" lo aman: la profusión de sucursales de Sushi Express, presencia de barras de sushi en los quinceaños, etc., indican que el "suchi" es un fenómeno que ha llegado para quedarse. Solo te pido esto: si vas a comer sushi tradicional, no le digas "suchi". Se pronuncia con la "che" suave, con "ese".
Aparte de eso, como me indicó un maestro de sushi japonés hace un par de años, es lógico que el sushi se transforme, cobre vida y morfología territorial, de acuerdo con los ingredientes disponibles en cada país. Y en vista de lo anteriormente expuesto, hay que decir que no es nada difícil hacer un sushi party en casa. A continuación, el instructivo.
Vea El rollo del ‘sushi’

