El pasado viernes hubo un intento de allanamiento en la residencia de la pintora panameña Sheila Lichacz, quien durante su carrera ha usado, en algunas obras, fragmentos de vasijas precolombinas que recogió de niña cuando vivió en las orillas del río Santa María.
“Son pedacitos de mi vida que recogí en los basureros y los he elevado en nombre de Panamá”, argumenta la artista.
Lichacz narra que las autoridades se presentaron para buscar las obras, pero que ella posee una certificación firmada por Carlos Fitzgerald, subdirector de Patrimonio Histórico en el año 2000, donde certifica que revisó los materiales cerámicos fragmentarios en posesión de la artista y que los mismos no poseen valor con- textual arqueológico, ya que proceden de recolecciones superficiales asistemáticas.
Además, según el documento, los materiales fragmentarios no permiten reconstruir piezas completas o de valor “museable” alguno.
VERSIÓN DEL INAC
Noris Vega, jefa de Relaciones Públicas del Instituto Nacional de Cultura (Inac), confirmó que tienen una resolución para hacer el allanamiento. Según la vocera, hace casi dos años se llegó un acuerdo con la artista, luego de que Patrimonio Histórico revisara las obras que ella tenía y concluyeran que eran piezas arqueológicas.
El acuerdo, según Vega, era que la artista se podía quedar con las piezas, pero como custodio en casa, no podía ni venderlas ni exhibirlas ni sacarlas del territorio panameño.
Ahora, el allanamiento sigue en marcha, por exponer obras con estas piezas en el Centro de Visitantes de Miraflores, hace aproximadamente dos meses, donde, según Vega, hay obras adicionales que no se habían evaluado. “No hay problema con las pinturas de la artista en sí, sino que le agrega las piezas fragmentadas de vasijas de cerámica que deben ser por ley, custodiadas por la oficina de Patrimonio Histórico”, dice la funcionaria del Inac.
Según la artista, ella ha intentado anteriormente hablar con el director del Inac, Anel Rodríguez, sin poder obtener una cita. Añade que lo sucedido ha afectado su salud y que sus obras nunca han estado en venta.
“Panamá es mi tierra y me da alegría que la llevé al lugar más alto del mundo, al Santo Sepulcro”, recalca.

